Cablegate: hacia un «periodismo hacker»

Julian Assange comenzó el proyecto de WikiLeaks como un prototipo. Partía de la idea de filtrar la información privada que dota de poder a quienes nos gobiernan de una forma segura para no comprometer con ello la seguridad de los más débiles. Esto lo ideó en armonía con su forma de entender el mundo que había desarrollado como cypherpunk, como activista que utiliza la criptografía como medio para lograr un cambio político y social. Desde un primer momento, sabía qué era lo que quería, pero el modo de hacerlo posible era algo que todavía estaba, y sigue hoy estando, pendiente de ensayos y errores.

Comenzó probando con un formato wiki mediante el que se establecía un espacio abierto para que cualquier persona con acceso a internet y unos mínimos conocimientos informáticos pudiera analizar, borrar los metadatos y contrastar los archivos recibidos y a los que normalmente no tenemos acceso a través de un buzón anónimo, para ir de este modo recopilando la información y ponerla a disposición del público sin vulnerar la seguridad de los informantes. Sin embargo, consideró que este formato no resultaba del todo útil o interesante al ver que las colaboraciones eran escasas. Entonces estableció un modo de proceder en el que la fecha de publicación quedaba fijada desde la recepción de los documentos, marcando un espacio de tiempo determinado para su procesamiento –ahora privado– por parte de los colaboradores de WikiLeaks, previamente asignados por él. También probó con publicaciones simultáneas entre la propia web y distintos medios de comunicación1. Lo que quedó establecido y sobre lo que Assange no tenía ninguna duda, era de que WikiLeaks sería en todo momento una actividad editorial o periodística con la protección que le corresponde. Fue un paso más allá, y pactó una alianza única con cinco de los más grandes medios de comunicación.

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Criminalización

Estoy harta de escuchar que los activistas somos grupos de radicales de la extrema izquierda y anarquistas, harta de oír que nosotros somos los que perpetramos la violencia. Estoy harta de que el periodismo colabore en esta criminalización que estamos sufriendo, y que esta criminalización cristalice en la mente de nuestros seres queridos. Estoy harta de que cada vez que vuelvo a mi isla, con o sin bromas de por medio, me digan que me estoy convirtiendo en una izquierdista radical (como si no hubiese hablado de política y participado en movimientos sociales desde los 13 años), y que me tilden de comunista o anarquista. Y estoy muy harta de que ambos términos parezcan contener una inherente carga negativa.

Cuando mi despertador suena un día laboral a las 5 de la madrugada para ir a parar un desahucio y como una zombie me meto bajo la ducha, no estoy ideando (aunque a muchos les cueste creerlo) un plan para acabar con el mundo entero. Cuando salgo a la calle, todavía de noche, y me pongo a caminar hacia el metro sintiendo cómo el frío se mete de forma irremediable bajo mi piel, el único pensamiento que pasa por mi mente es el de que esa mañana, como todas las mañanas, una familia entera puede acabar en la calle no ya sintiendo ese frío sino fundiéndose con él, integrándolo en cada uno de los huesos de sus cuerpos. Cuando subo al vagón del metro, rodeada por otro tipo de zombies, la única pregunta que ronda por mi cabeza es sobre el porqué, no ya del sentido trascendental del mundo sino del sentido de nuestros pequeños mundos mundanos. Me pregunto cómo puede existir tanta crueldad, y sobre todo, como puede existir tanta indiferencia hacia tanta crueldad. Me pongo a pensar en los grupos de personas que redactan las leyes y en los individuos que ejecutan órdenes sin cuestionarlas y un escalofrío recorre mi cuerpo en una extraña sensación de enajenación ajena. Reflexiono sobre el sentido de la obediencia ciega de unos y la pasividad cómplice de todos los demás, y una crisis existencial vuelve a apoderarse de mí un día más. Cuando bajo en una nueva parada, otra vez en el extrarradio de la ciudad de Madrid, recuerdo los debates sobre las clases sociales y por un instante siento el cinismo amenazante en mi interior, aflorando en forma de amarga sonrisa en mi rostro. Siguiendo torpemente el recorrido marcado -la mayor parte de las veces de forma errónea- por Google Maps smartphone en mano, trato de ponerme en la piel de una madre. Pienso en el hecho de tener dos menores a mi cargo y que me echen de mi casa, de mi hogar, para acto seguido arrebatarme a lo que más amo en este mundo que son mis dos hijos, porque los niños no pueden ser criados en las calles. Inevitablemente me invade una sensación de vergüenza. ¿Por qué debería ningún individuo cargar con todo el peso de un problema que es social? Mi incomprensión se convierte en rabia cuando recuerdo todas las viviendas vacías que hay en nuestro país, y vuelven a mi cabeza las palabras de Ada Colau en el Congreso: “Les aseguro que no le he tirado un zapato a este señor porque creía que era importante quedarme aquí para decirles lo que les estoy diciendo”. Pienso en los suicidios y me dan ganas de echarme a llorar. Un zapato se me hace extremadamente inocente, y sigo sin sentirme una izquierdista radical.

El señor Barroso habla sin tener la menor idea de lo que está hablando, como la mayor parte de los periodistas y tertulianos de este país. La peor parte de nuestra crisis no es económica sino psicológica.

El poder de Anonymous

Publicado en Diario Público

El pasado 31 de diciembre volvíamos a despedir un año marcado por numerosos movimientos sociales y de protesta. Parte de estos movimientos, muy poco destacados pero no menos relevantes, son los que han tenido lugar bajo ese nombre sin nombre que es Anonymous, con notable actividad en España. Aquél mismo día, la cuenta de Twitter de ‘la Nueve de Anonymous’ publicaba un vídeo donde se destacaban algunos de los momentos más emblemáticos de 2013 acompañados de otros menos comentados y realizados desde el underground. Incursiones, modificaciones y filtraciones realizadas a través de webs de distintas empresas y órganos relacionados con los abusos que estamos sufriendo son también una forma de acción directa o escrache que se lleva a cabo a través de internet.

No hay que confundir Anonymous con una organización, como tan frecuentemente se hace. Este término predetermina un concepto erróneo según el que un determinado grupo de personas asociadas sería el que se encontraría detrás de las diferentes acciones que bajo este nombre se llevan a cabo. Anonymous es en primer lugar un vocablo que representa la ausencia de la fuente o la imposibilidad para identificarla, un recurso útil cuando, por ejemplo, se quiere realizar una denuncia con riesgo de represalias o simplemente se busca manifestar una opinión minoritaria. Es un seudónimo que cualquiera puede hacer suyo, posibilitando la acción de una colectividad indeterminada sin estructura jerárquica de ningún tipo.

El origen de Anonymous se sitúa en el canal /b/ (random) de 4chan, un conocido tablón de anuncios de internet basado en imágenes que no posee base de registro, por lo que todas las publicaciones son anónimas. Esto da total libertad a los usuarios, indistinguibles unos de otros por llamarse siempre Anonymous. El concepto al que hoy hacemos referencia con el uso de esta palabra como un conjunto de ideas o ideales se ha ido construyendo a raíz de unas acciones que, surgiendo en 4chan, acabaron yendo más allá. Es difícil determinar qué es Anonymous porque siempre está en movimiento, construyéndose con cada acción, manifiesto o comunicado, pero parece mantener siempre la misma naturaleza burlesca de su lugar de origen, junto con la idea tan vinculada al anonimato de que el conocimiento ha de ser libre.

En la obra Access to Knowledge as a Field of Activism de Gaëlle Krikorian y Amy Kapczynski se plantea el acceso al conocimiento como un movimiento integrador de los demás movimientos, como el «movimiento de los movimientos». Krikorian menciona que como en el diagrama de Venn, los movimientos encajan unos en otros y se superponen, cada uno con sus particularidades, siendo el acceso al conocimiento un denominador común a todos ellos, impidiendo que sus diferencias se conviertan en obstáculos. «El paraguas del acceso al conocimiento es lo suficientemente grande como para permitir una gran variedad de participantes, temas y acciones, además de permitir a la creatividad expresarse a través de distintos modos sin ser limitados por las estructuras jerárquicas que a menudo dificultan las organizaciones convencionales».

Como el movimiento por el acceso al conocimiento, Anonymous es un concepto integrador, y en muchas ocasiones puede ser un recurso útil para conseguir los fines que se persiguen en los movimientos sociales. Cuando en enero de 2011 el gobierno egipcio bloqueó casi por completo el acceso a internet tras el estallido de las revueltas sociales, Anonymous viralizó mensajes de apoyo y escribió y difundió manuales explicando cómo sortear la censura. En Brasil, Anonymous ha sido el principal difusor de las protestas que llenaron las calles este verano, además de uno de sus organizadores. Aquí en España, la primera protesta exigiendo el fin del bipartidismo -una de las principales demandas del 15M- fue la ‘Operación Goya’ lanzada desde Anonymous en contra de la Ley Sinde.

Conceptualizar Anonymous no es un reto, es un error. En ocasiones, Anonymous es un recurso que sirve para convocar, apoyar, organizar o difundir una protesta. La mayor parte de las veces, Anonymous funciona como guerrilla de la comunicación, alteración de los códigos. Modificaciones en la gramática cultural que producen perturbación, confusión y distanciamiento de la realidad, para  luego poder reflexionar sobre ella. Del mismo modo que la Internacional Situacionista, constructora de situaciones que permitían escapar de la sociedad del espectáculo, rechazaba ser referida como un -ismo con cuerpo ideológico, Anonymous escapa a la noción de «movimiento». Esto es lo que le permite ser un concepto integrador que puede ser muy útil en los movimientos sociales. Es un medio que puede servir para sortear muchas de las barreras con las que normalmente nos encontramos: «Cuando queráis convocar una manifestación, decídnoslo a nosotros y lo haremos. Hecha la ley, hecha la trampa. #Anonymous contra #LeyMordaza».

WikiLeaks en el marco de las nuevas posibilidades tecnológicas

La introducción de las nuevas tecnologías a nuestras vidas no es un asunto irrelevante porque aportan nuevas posibilidades –independientemente de si estas son mejores o peores– que modifican nuestro modo de ver y comprender el mundo, del mismo modo que modifican la manera en que interactuamos con él y las personas que nos rodean. Sus bajos costes y la gran distribución de la que gozan en los países desarrollados, y también en los países en vías de desarrollo, han hecho de estas tecnologías unas herramientas cotidianas mediante las que realizamos cada vez un mayor número de acciones que, aunque en algunos casos como las transferencias bancarias o las compras no son nuevas y donde su papel es el de intermediarias para su realización, en otros casos, como con la posibilidad que ofrecen de realizar copias exactas de, por ejemplo, una novela o una canción, sí lo son. Ante este nuevo universo de posibilidades somos todavía unos principiantes, y nos enfrentamos a él con categorías que corresponden a un momento distinto y que van perdiendo sentido en la medida en que vamos avanzando, tanteando, por este nuevo camino. Me interesa tener esto presente para abordar las filtraciones de WikiLeaks teniendo en cuenta las diferencias que guardan con otro tipo de filtraciones como las relacionadas con los «papeles del Pentágono» o el llamado «escándalo Watergate», y señalando también algunas de las posibilidades no exploradas. Aunque la propia acción de filtrar información secreta no es nueva, el método para hacerlo sí ha cambiado y con él las posibilidades tanto de extraer, como de manejar posteriormente la información.

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Activismo y responsabilidad ante el desarrollo de las NNTT

Hoy el desarrollo tecnológico se despliega sin control. Se producen una cantidad innecesaria de nuevas tecnologías, y se hace a un paso que no podemos abordar. Nosotros no somos dueños de nuestra producción, sino que la producción se adueña de nosotros: no tenemos ni el conocimiento ni el tiempo necesarios para poder tomar una postura crítica y responsable que pueda analizar el desarrollo tecnológico.

Desde cualquier investigación, es necesario recuperar este control para poder analizar la realidad y el modo en que comprendemos el mundo y por tanto, la forma en que interactuamos con él y con los demás. Esta consideración crítica ya la reivindicaban Andoni Alonso e Iñaki Arzoz desde el CTS activista en la Carta al homo tecnologicus1. Se trata de una responsabilidad que tenemos que tomar, en primer lugar, como ciudadanos de esta nueva polis global que es causa, y a la vez efecto, de este desarrollo de la tecnología. Esta formación activista se encuentra también en la base del proyecto de WikiLeaks.

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WikiLeaks como «agencia compartida»

Una vez que han sido brevemente perfilados los grupos sociales que hay alrededor de WikiLeaks, me resultaría interesante tratar de hacer un acercamiento a su imagen cuestionándome sus presencias y ausencias dentro, pero también fuera, de la Red.

La imagen que nos hacemos de algo o de alguien determina el modo en que lo comprendemos de la misma manera que lo hacen los discursos que se tejen a su alrededor. De este modo, los grupos sociales de los que hablaba en el anterior post, juegan un rol en la configuración de la imagen de WikiLeaks, pero ellos son a su vez configurados a través de esta. Además, no son los únicos que tienen un papel en su composición, ni los únicos que se ven afectados por la misma. En este sentido podemos hablar de «agencia compartida» siguiendo la descripción que hace Amparo Lasén.

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Grupos sociales alrededor de WikiLeaks

Siguiendo un poco con el hilo anterior, sería necesario analizar más a fondo las figuras del hacker y el periodista en el entorno de WikiLeaks junto con la del público, otro grupo social relevante que todavía no había mencionado. Esta organización mediática y sin ánimo de lucro, como ella misma se define, va dirigida a un sector de la población que comparte una ideología determinada basada en el principios, hoy considerado democrático (habría que analizar este punto más a fondo), de «transparencia». Desde el punto de vista de WikiLeaks, la transparencia genera una sociedad mejor para todo el mundo reduciendo la corrupción y fortaleciendo las instituciones democráticas, incluyendo los gobiernos, las empresas y otras organizaciones, y un periodismo saludable, dinámico e inquisitivo juega un rol principal en la consecución de estos objetivos1. De esto podemos concluir, a groso modo, que por una parte, el público de WikiLeaks está interesado en alcanzar una mayor democratización de las instituciones y que, por otro, estiman que la información es uno de los pilares fundamentales para alcanzar esta meta.

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