Cuando la esfera periférica se vuelve indispensable

Con el desarrollo de internet y las nuevas tecnologías, asistimos a un cambio de paradigma que tiene unas determinadas consecuencias en el modo en que comprendemos el mundo e interactuamos con él y quienes nos rodean. En el siguiente trabajo me gustaría que abordásemos las implicaciones de la digitalización en relación al concepto de «esfera pública», tratando dos casos concretos que resultan paradigmáticos: la publicación de la base de datos íntegra de Cablegate por parte de WikiLeaks, y las acciones puntuales e indispensables de Anonymous en apoyo a esta organización en los momentos de mayor debilidad. Con ello quiero mostrar cómo en la transformación de la esfera pública ganan relevancia las esferas públicas periféricas, y cómo esto puede conducirnos a un escenario donde tengamos mayor autonomía, siempre y cuando cumplamos con unos mínimos requisitos para explotar este nuevo universo de posibilidades que se abre ante nosotros.

1. Esfera pública

Según la noción clásica de Habermas, la esfera pública es un espacio ideal y metafóricamente accesible para todos los ciudadanos donde se interactúa libremente sobre los asuntos públicos de la sociedad, a través de un proceso discursivo y racional, llegándose a alcanzar consensos que engloban los intereses colectivos de la misma. Es el único lugar verdaderamente democrático en la medida en que son las propias personas, sin representantes, las que construyen la democracia a través de sus discursos. Sin embargo, esta noción presenta diversos problemas: por un lado, es muy difícil establecer ese espacio ideal que permanezca libre de presiones externas (como la influencia del Estado y de los mercados), y por otro, sus condiciones técnicas son, y han sido, complejas y cuestionadas por numerosos autores. Pero no podemos olvidar que estamos hablando de un espacio ideal. Cuando se habla de un posible surgimiento o resurgimiento de la misma –o de su degradación– con el desarrollo de internet, es necesario plantear los problemas que esta noción presenta y enfocarlos en casos prácticos. De esta manera, nos situamos en un plano concreto y podemos comprender mejor su funcionamiento.

1.1. Cuestionando los valores de la esfera pública

Con la digitalización de la esfera pública surgen principalmente tres preocupaciones que son: el acceso a la información, la reciprocidad de la misma y la comercialización del espacio cibernético1. Todas ellas son condiciones necesarias para pasar de hablar del espacio público que nos proporciona internet, a una esfera pública con todo lo que representa. Pero estas no son las únicas dificultades a las que nos enfrentamos: el propio concepto clásico de esfera pública, ideal, es cuestionado en su puesta en práctica.

Para empezar, un acceso completamente libre es algo imposible. Cuando se habla de un resurgimiento de la esfera pública con el desarrollo de internet, se suele hacer referencia a una posibilidad de acceso universal que no es real. Nunca estamos en igualdad de condiciones, ni siquiera en internet donde podemos hacer uso del anonimato para reinventarnos: tenemos unos prejuicios culturales que no nos abandonan por conectarnos a internet. Por otro parte, para poder conectarnos necesitamos de una infraestructura, para lo que podemos encontrarnos tanto ante problemas económicos como materiales, y también son necesarios unos conocimientos técnicos mínimos que no todos tenemos. No hay que olvidar que no todo el mundo tiene acceso a internet, ni siquiera en una localidad determinada, y que incluso en estos casos nos enfrentamos a otras problemáticas como la reciprocidad de la información y la comercialización del ciberespacio, que también afectan al acceso de la información que posteriormente permitiría una interacción libre y racional sobre los asuntos públicos.

Hay grandes empresas privadas, como Google, Facebook o YouTube, que manejan un tráfico considerable de la red y que vienen con unas estructuras predeterminadas que facilitan más o menos la interacción entre los usuarios y el intercambio de conocimiento. Esto afecta a la reciprocidad de la información, que tiene más visibilidad en determinados espacios, donde además entran en juego intereses económicos que inevitablemente hacen prevalecer unos temas sobre otros. En consecuencia, la interacción libre y racional no es posible, a pesar de que no son necesarios unos intermediarios o representantes.

Otras problemáticas que encontrábamos ya antes de la digitalización de la esfera pública y que mencionaba anteriormente, como el ámbito cultural del que partimos, determinan nuestro modo de entender y estar en el mundo, algo que trasladamos a la red donde en ningún caso llegamos como tabula rasa: es una herramienta que podemos utilizar para distintos fines, pero de la que echamos mano desde nuestra persona, con todo nuestro conjunto de valores. No desaparece nuestra forma de ser y estar en el mundo, ni nuestra forma de entenderlo, en el momento en que realizamos la conexión a internet aunque nuestras prácticas a partir de ahí puedan, naturalmente, transformar estos aspectos.

Pero todas estas cuestiones, ¿suponen realmente un inconveniente? Con el desarrollo de internet y el debate generado alrededor de una posible esfera pública digital, también se ha puesto en cuestión hasta qué punto pueden considerarse todos estos aspectos como problemáticos, o si por el contrario podrían ser enriquecedores para el concepto de la esfera pública, que se vería transformado en este desarrollo.

1.1.1. Proceso de digitalización: ¿todo son ventajas?

Según la tesis de Habermas sobre la esfera pública ideal, la racionalidad es indispensable para poder llegar a acuerdos que nos permitan poner en común las distintas cuestiones que nos atañen como comunidad, y poder de este modo convivir de manera democrática. Estos acuerdos deben ser alcanzados mediante el diálogo, que tiene como base la razón, encontrando las coincidencias y dejando de lado las diferencias, que quedarían relegadas al espacio de la vida privada de cada uno. Sin embargo, la racionalidad no tiene por qué ser ni deseable, ni suficiente, y muchas veces puede ser incluso un inconveniente debido a su carácter extremadamente rígido, que deja numerosas cuestiones minoritarias –y no por ello menos importantes– fuera.

Relegar al ámbito privado determinados aspectos que afectan no a un individuo sino a un conjunto de personas, aunque sean una minoría, puede tener consecuencias negativas tanto para las personas afectadas como para el resto de la comunidad en la que conviven, ya que inevitablemente acabará afectando en los asuntos sociales. El consenso sólo atañe a aquellas cosas que son puestas en común, pero deja de lado todas las particularidades que no por ello dejan de estar ahí, relegándolas a la periferia. En este aspecto, muchos defienden que internet no sigue los parámetros de la esfera pública ideal ya que da cabida a todo tipo de opiniones: como espacio público, en internet tienen lugar tantos criterios como personas deseen –y puedan– manifestarse. Sin embargo, debido a la monopolización del tráfico por parte de algunas grandes empresas, se tiende a la homogeneización. El resultado de esta estandarización plantea problemas similares a los que encontramos en relación al consenso, ya que acaba primando un determinado punto de vista frente a otros que son dejados de lado. Aunque con internet se superase realmente la barrera de acceso y se entrase en un espacio donde uno puede expresar lo que piensa con total libertad, la visibilidad nunca será la misma. Incluso podría decirse que este problema aumenta en tanto que son numerosos discursos inconexos los que tienen lugar, y la opinión pública que surge de ellos no depende tanto de esa puesta en común ideal y razonada, sino de la visibilidad generada principalmente por cuestiones económicas. Esta influencia de presiones externas ya la tenía en cuenta Habermas, pero se centraba en un discurso en común: este discurso en común tenía que poder desarrollarse libre de todas estas presiones para poder dialogar razonadamente y alcanzar consensos. Lo que cambia con internet es que las diversas manifestaciones que se dan tienen lugar en forma de constelaciones, y aunque la visibilidad de unas sea mayor que la del resto en función del lugar en el que surgen o de la autoridad que se encuentra detrás, como ha venido ocurriendo hasta ahora, esa pluralidad está presente y puede localizarse de un modo mucho más sencillo dada su inmediatez. Esta gran diversidad de opiniones es manifiesta, y en algunos casos, consiguen vencer esa barrera que las mantienen al margen de la opinión pública, llegando incluso a incidir en la esfera pública central de forma directa. Aunque esto no sea lo más frecuente, es algo que ocurre en ocasiones, y es especialmente trascendente porque consigue vencer otra barrera de la esfera pública ideal que hasta este momento había sido prácticamente infranqueable: la del acceso directo y sin representantes.

Hasta este momento, el paso de la esfera privada a la esfera pública se hacía a través de organizaciones, de intermediarios que actuaban como nuestros representantes, aunque podía darse alguna excepción. Con el desarrollo de internet y de las nuevas tecnologías, este paso es cada vez menos necesario ya que, aunque la acción directa que se lleva a cabo, como puede ser la paralización de un desahucio, sigue teniendo lugar en el espacio físico, es el espacio red el que lo traslada a la esfera pública desplegando narraciones individuales en espacios que no pertenecen a la esfera privada. Si una persona que acude a un desahucio a título particular con el fin de paralizarlo, narra a través de internet lo que está viviendo y sintiendo en cada momento, lo que hace es convertir una vivencia personal en un asunto público. Esta faceta que el desarrollo de las nuevas tecnologías ha potenciado –con los smartphones podemos estar conectados desde cualquier lugar–, convierte muchos asuntos que hasta ahora eran invisibilizados por su carácter individual en cuestiones públicas que nos afectan a todos en mayor o menor medida. Es esta característica de la inmediación que tiene internet la que provoca un cambio considerable en lo vendría a ser la esfera pública, ya que problemas que hasta ahora no tenía modo de conocerse y por tanto no tenían capacidad para afectar socialmente, se dan a conocer y tienen lugar unas consecuencias. Y el caso de los desahucios resulta especialmente interesante para comprender esto porque es un caso que ha pasado de considerarse un problema individual que afectaba a las personas concretas que habían contraído una deuda con un banco –en el caso de las hipotecas, por ejemplo–, a un problema político que afecta al conjunto de la sociedad y su administración a la hora de conceder créditos y dirigir el tema de las viviendas, en un país donde hay 3.443.365 viviendas vacías, 82.860 desahucio anuales de media y alrededor de 30.000 personas viviendo en la calle.

Antes del desarrollo de internet, las diversas problemáticas que pudieran darse penetraban en la esfera pública a través de los grandes medios de comunicación –para lo que muchas veces era necesario que fuese un tema previamente abordado por una organización–, que eran los que manejaban prácticamente la totalidad la opinión pública. No existía la posibilidad de acceso directo que tenemos ahora. Hoy los medios de comunicación se ven sobrepasados muchas veces por una opinión pública que ha sido formada al margen de los asuntos que ellos están tratando y que difícilmente pueden ignorar, teniendo que llegar a incorporarla en más de una ocasión. Podría decirse que, en cierto modo, los temas más comentados en internet marcan el guión de los noticiarios, como ocurre muchas veces que una cuestión muy comentada en Twitter llega a trending topic. Esto no tiene por qué modificar el guión inicial de un medio de comunicación en concreto, pero en tanto que tema de interés general, acabará produciendo una noticia al respecto, una noticia que se sabe de antemano que gozará de un tráfico significativo y que generará beneficios. Cuando uno de los principales objetivos del periodismo es la rentabilidad, informar sobre este tipo de cuestiones se convierte en un patrón. El resultado son muchas veces narraciones sobre asuntos socialmente triviales, como puede ser una disputa entre fans de Justin Bieber y fans de One Direction, por ejemplo, pero otras veces son sobre temas que acaban afectando y modificando el modo en que entendemos el mundo, y por tanto, el modo en que nos desenvolvemos en él. Muchos problemas que hasta ahora eran invisibles, empiezan a visualizarse gracias a personas que, individualmente, interaccionan y se coordinan entre sí a través de internet y de las nuevas tecnologías. Esta visualización no tiene lugar a partir de un consenso previo alcanzado mediante el uso de la razón, sino que son múltiples problemáticas, como decíamos, muchas veces independientes entre sí, las que pasan a ocupar un lugar en la esfera pública dando cabida al disenso y generando nuevos debates. El disenso puede ser mucho más enriquecedor que el consenso en este sentido al replantear una y otra vez la opinión pública que se va tejiendo, ya que impide que tenga lugar una tendencia a la domesticación, al dominio de una opinión general que invisibilice determinadas problemáticas de carácter minoritario en favor de otras más generales, un riesgo al que siempre estuvo expuesta la esfera pública y que ahora parece que puede superarse por primera vez –siempre hasta cierto punto– gracias a esta inmediatez.

En todo momento hay que tener en cuenta que internet es una herramienta y que como tal no es independiente a nuestra realidad física, sino que se configura con ella. Lo que tiene lugar en la red es un reflejo de nuestra realidad política y social con todas sus problemáticas, que no son vencidas por el simple hecho de que sean tratadas en internet. La red no resulta ni inherentemente buena, como unos se afanan por afirmar; ni mala, como otros se apresuran a replicar; de la misma manera que no puede permanecer neutra2. Puede ser usada para unos y otros fines en función de los usos que le demos y de la estructura que la determina: sus posibilidades están sujetas también a su diseño3, que en la mayor parte de los casos nos viene dado escapando de este modo a nuestro control. En este sentido, es importante tener un conocimiento tecnológico, de tal modo que el acceso pueda ser mayor y podamos abrir el camino a un mayor número de usos posibles.

Lo que sí es cierto es que cada vez nos encontramos con menos barreras para la interacción como puede ser un determinado tipo de acceso, el tiempo, el espacio o unos canales determinados, que ahora se van multiplicando.

1.1.2. Las cuatro transformaciones básicas

Siguiendo el análisis de Coleman sobre la digitalización de la esfera pública, nos encontramos con cuatro transformaciones básicas: i) de la distancia a la copresencia, ii) de los lugares a las redes, iii) de la transmisión al diálogo y iv) del espectáculo al juego (Coleman, 2008).

  1. De la distancia a la copresencia: es cierto que con internet nos encontramos con muchas menos barreras que en el espacio físico. Además de que permite vencer algunos obstáculos que podemos encontrar en la interacción cara a cara que pueden venir definidos por nuestros atributos físicos, donde por ejemplo pueden influir determinados prejuicios en función del género, la raza o la edad, rompe con dos de las barreras clásicas que pueden suponer una mayor dificultad: la del tiempo y la del espacio. Independientemente de que yo viva en Madrid y no tenga forma de trasladarme a, por ejemplo, El Cairo, puedo establecer una interacción con personas que viven allí sin tener que desplazarme. Tampoco necesito un tiempo extra para realizar este desplazamiento, sino que desde mi propia casa, o desde el trabajo, puedo ponerme en contacto con personas que se encuentran en otro lugar, algo que además ahora puede hacerse incluso desde la calle con los smartphones. Este hecho erosiona las fronteras geográficas que, aunque no llegan a desaparecer porque siempre existe un determinado sentido de comunidad entre las personas de un mismo lugar, sí hace que temas que antes eran locales tengan un impacto global y tengamos que hablar de una esfera pública en un sentido internacional.

    Esto se debe a la característica de la inmediatez que mencionábamos antes, una de las características principales en tanto que modifica radicalmente las comunicaciones. Esto puede acabar invisibilizando algunos problemas locales en favor de otros, pero al mismo tiempo puede también enriquecer la esfera pública central aportando un número mayor número de puntos de vista.

  2. De los lugares a las redes: con el desarrollo de internet, y en consecuencia de ese paso de la distancia a la copresencia, se transforman los lugares tal y como los entendíamos hasta ahora, pasando de ser estancos a ser híbridos, enriqueciéndose de esta manera unos a otros y pudiendo actuar en sinergia generando redes. En consecuencia, la interacción se ve enriquecida, y una multiplicidad de puntos de vista toman protagonismo ampliando el abanico del discurso, que se ve más enriquecido. En internet encontramos múltiples canales a través de los que podemos acceder a un número mayor de perspectivas, logrando una permeabilidad muy superior.

    Esto lo mencionábamos antes en contraposición al debate razonado que persigue el consenso de la esfera pública ideal de Habermas. Con internet los discursos se multiplican, y todos son accesibles mediante la conexión. En consecuencia, su visibilidad es mayor, y acostumbramos a dar con más perspectivas de las que encontrábamos en la opinión pública manejada por los grandes medios de comunicación. Esto no quiere decir que no predominen unas sobre otras, ni que no haya intereses favoreciendo que ocurra de esta manera, pero existe una posibilidad que antes no teníamos. Los temas se multiplican e iluminan diferentes aspectos de unas mismas cuestiones, que dejan de tener que ser blanco o negro para mostrar una gran variedad de colores. Naturalmente, esto no siempre es así, y hay quienes hacen referencia a la tendencia de muchas personas por moverse solamente entre aquellos lugares donde se maneja una información acorde con su forma de entender el mundo, pero es importante resaltar la posibilidad de ampliar este horizonte.

  3. De la transmisión al diálogo: si hasta este momento la comunicación tenía lugar a través de canales unidireccionales que se limitaban a transmitir la información, relegando nuestro papel al de espectadores –figura caracterizada por la pasividad–, con el desarrollo de internet pueden establecerse diálogos. Pasamos de ser simples destinatarios de la información a ser emisores de la misma, algo que con el desarrollo de las nuevas tecnologías, como los smartphones, se ha visto potenciado pudiendo incluso llegar a narrar nuestras vivencias personales desde el lugar de los hechos. Esto no quiere decir que con el proceso de digitalización de la esfera pública siempre vaya a tener lugar el diálogo, pero sí que disponemos de un medio para hacerlo. Por primera vez se elimina la figura del intermediario y se nos permite acceder de forma directa a la esfera pública central donde podemos interactuar con los demás, y esto incluye tanto a personalidades de la vida pública como a grandes medios de comunicación, aunque con limitaciones.

    Los grandes medios, por ejemplo, han establecido espacios de participación, pero no los han explotado todo lo que han podido: han abierto sus noticias a los comentarios –aunque para realizarlos suele ser necesario registrarse y pasar una determinada moderación–, pero no han permitido, por ejemplo, que la audiencia participe de la propia producción de las noticias. Sin embargo, tenemos la posibilidad de abrir un blog y narrar una misma historia desde nuestro punto de vista. Esto es lo que vamos a ver con Cablegate, donde se nos ofrecen los datos en bruto, ese material al que hasta este momento sólo tenía acceso el periodista profesional, permitiéndonos contar nuestras propias historias sin tener que vernos limitados a la versión editada de los noticiarios.

  4. Del espectáculo al juego: dentro de esta transición de espectadores a actores dejamos atrás el espectáculo, entendido desde la perspectiva que Guy Debord desarrolla en La sociedad del espectáculo, para pasar a formar parte del entramado. Dejamos de ser representados y pasamos a ocupar un rol. Con todo esto se generan nuevos repertorios de acción que engendran nuevas formas de participación. Todo esto permite una revitalización de la esfera pública, y con ello una cierta revitalización de la calidad democrática: la base necesaria de todo sistema democrático es la existencia de unas posibilidades de participación política iguales para todos, y con el desarrollo de internet nos aproximamos más a este hecho. El problema es que para que todo el mundo pueda participar de algo, es necesario que todo el mundo sepa en qué consiste, que conozca las reglas del juego, y el primer paso para que esto sea posible es que las reglas sean libres, de manera que todo el mundo pueda acceder a ellas.

Como hemos ido viendo, los rasgos más característicos de la digitalización de la esfera pública son el acceso –de carácter más abierto–, la inmediatez y el aumento de la participación. Con esto se consigue una incidencia mucho más directa a la esfera pública central, que empieza a verse enriquecida por la interacción de esferas públicas periféricas que a su vez interactúan entre sí. Las esferas públicas periféricas son aquellas que se han establecido al margen de la central pero que no por ello dejan de ser públicas, ya que en ellas también tiene lugar una interacción ciudadana que establece un diálogo sobre cuestiones que afectan a la comunidad, aunque no sea el diálogo “central” caracterizado por lo que conocemos como opinión pública.

Un ejemplo de esfera pública periférica, que es además digital, es Anonymous. Anonymous se caracteriza por englobar a diversos ciudadanos que interaccionan libremente a través de la red sobre asuntos públicos de forma horizontal y autoorganizada, afectando a la esfera pública central sin necesidad de intermediarios. Quizás lo correcto no sea hablar de una esfera pública central y unas esferas públicas periféricas sino entender la esfera pública como un conjunto de estas constelaciones de espacios comunicativos que tienen lugar, y no ya solamente a través de la red, con las ventajas que ha ofrecido para ello la digitalización, sino también a nivel de barrios, algo que por ejemplo se ve con las distintas asambleas barriales surgidas a raíz del 15-M. Después de todo, estos espacios ya no permanecen por más tiempo aislados entre sí. Debido al desarrollo de internet y de las nuevas tecnologías se han establecido múltiples vías de comunicación que ponen todos estos discursos en contacto, nutriendo unos con otros. Lo que sí es cierto es que con el aumento de la participación se han creado mayor número de “periferias”, entendiendo por esto que ha habido un aumento en el número de opiniones compartidas y debatidas, de carácter minoritario, que han empezado a ser visibles. Y estos debates que hasta ahora permanecían invisibilizados no tienen por qué perseguir un consenso, una puesta en común entre todos ellos, sino que pueden servir de contrapunto para lo que entendemos como esfera pública central, cuestionándola y reforzándola, ampliando de esta manera los puntos de vista desde los que comprender el mundo.

2. Esferas periféricas: «Ultra cojonudamente coordinados»

UCMFLo que ocurre con Anonymous alrededor de WikiLeaks es un caso muy interesante que sirve para comprender las esferas públicas periféricas surgidas a raíz de la digitalización de la esfera pública y las nuevas posibilidades que surgen de ella, del mismo modo que sirve para conocer mejor el caso de WikiLeaks.

Cuando a finales de 2010 WikiLeaks empezó a sufrir el acoso en múltiples formas debido a la publicación de los documentos de las embajadas o Cablegate, y su criminalización trató de establecerse con notable éxito en la opinión pública por parte de determinados sectores del poder que se vieron amenazados por su existencia, los grandes medios de comunicación que trabajaron junto con Assange sobre estas filtraciones no le apoyaron, y ayudaron a empeorar su situación.

Las filtraciones las habían recibido sin ningún coste y estaban generando sendos beneficios, beneficios que podrían haberse visto incrementados a través de la colaboración: de esta forma es más fácil avanzar en el análisis de la información recibida y cubrir un mayor espectro de historias y lectores. Podrían haber convertido los documentos diplomáticos en un tema de interés general de este modo, haciendo que penetrasen con mayor fuerza en la esfera pública, algo complicado de conseguir si la información se restringe a lectores de unos medios, lenguas y países determinados. Sin embargo, no conseguían alcanzar ningún acuerdo sobre el modo de proceder. Para los grandes medios de información, Assange nunca fue un periodista, ni WikiLeaks una agencia de noticias. Tomaron la información que Assange les había dado pero no compartieron los beneficios que con ella generaron, ni tampoco dedicaron unas líneas de sus ediciones a agradecerle su trabajo.

Además de esto, y a pesar de la cantidad de periodistas que estaban trabajando de forma más o menos coordinada en el análisis de la información, esta salía a cuentagotas. En febrero de 2011 sólo unos 3.900 documentos habían visto la luz, rondando los 20.000 en agosto de aquel mismo año, de un total de 251.287. Assange se vio sometido a una criminalización por parte de los Estados Unidos a la que estos medios ayudaron a coger fuerza. No le ayudaron cuando la web de WikiLeaks fue el blanco de diversos ataques informáticos o Amazon lo eliminó de sus servidores eliminando la dirección de wikileaks.org. No denunciaron el bloqueo que tanto la Biblioteca del Congreso, como el Departamento de Comercio o el Ejército de Estados Unidos hicieron al material de WikiLeaks a través de sus redes, ni añadieron un botón de donaciones –su única vía de ingresos– desde sus portales web cuando VISA, MasterCard, PayPal y Bank of America le denegaron sus servicios financieros. Y a todo esto, hay que sumarle el chivatazo que su ex-colaborador Domscheit-Berg hizo de la ubicación de Cablegate a Der Freitag: aunque se encontraban en un archivo encriptado, podía hallarse la clave en un libro recientemente publicado. David Leigh y Luke Harding, dos periodistas de The Guardian con el que WikiLeaks estaba colaborando, acababan de escribir WikiLeaks y Assange, una obra muy crítica donde aparecía, entre otras cosas, la clave del archivo encriptado. Esto hizo que Assange acabase de perder el control sobre aquella filtración, lo que finalmente le llevó a la publicación íntegra de la base de datos de los documentos de las embajadas. Cuando a finales de agosto de 2011 Julian Assange decidió hacer pública la base de datos deCablegate, los mismos periódicos con los que había trabajado le dedicaron sus editoriales conjuntamente para acabar con su imagen. Fueron personas anónimas y amateurs quienes, sin ningún tipo de organización previa, pero con una excelente coordinación, mantuvieron WikiLeaks a flote y salvaguardaron la importancia de su trabajo. Anonymous, ese vocablo que representa la ausencia de la fuente o la imposibilidad para identificarla, tuvo un rol especialmente relevante en esta empresa.

2.1. Los guardianes de WikiLeaks

Anonymous no es una organización donde un determinado grupo de personas asociadas lleva a cabo distintas acciones, como muchos afirman sin profundizar demasiado sobre el tema. Anonymous es, en primer lugar, un seudónimo que cualquiera puede hacer suyo posibilitando la acción de una colectividad indeterminada sin estructura jerárquica de ningún tipo. Si con WikiLeaks nos encontramos ante un nuevo modelo de periodismo donde se combina el trabajo de los amateurs con el de los profesionales, penetrando de este modo directamente en la esfera pública central, en Anonymous estamos ante una posible esfera pública que permanecería completamente en la periferia. Esto hace que las acciones de WikiLeaks tengan más trascendencia que las de Anonymous, pero es importante tener el papel de este último presente porque sin él no se entiende el desarrollo de WikiLeaks: no solamente le ayudó a superar las complicaciones a las que la organización se enfrentó, sino que también le suministró parte del material que filtró. Esta no es una colaboración organizada, son solamente acciones coordinadas en momentos puntuales, pero que han marcado el devenir de ambos.

La configuración anárquica de Anonymous está caracterizada por el disenso y la ruptura, ya que abarca tantas concepciones como personas quieran usar su nombre, y choca en este sentido con la estructura de WikiLeaks, marcada por unos principios mucho más concretos que responden en gran medida a los intereses de su fundador Julian Assange. En Anonymous, en cambio, el liderazgo está mal visto y se da absoluta prioridad a los hechos, independientemente de quién los lleve a cabo. Mientras que WikiLeaks entra en lo socialmente establecido, Anonymous se mantiene al margen generando su propio espacio de sentido. Las tácticas son más variadas, y su estructura, si es que podemos utilizar este término en referencia a Anonymous, es más abierta y participativa que la de WikiLeaks4, pero influye también en la opinión pública.

Podríamos decir que mientras que la forma de proceder de WikiLeaks se ciñe –hasta cierto punto– a las reglas del juego preestablecido, Anonymous lo hace al margen de ellas o generando las suyas propias. Estas reglas harían referencia tanto a las que están avaladas por la ley, como las que están aceptadas socialmente: en el caso de WikiLeaks nos encontramos, aunque con algunas rupturas, dentro del terreno de lo establecido, mientras que Anonymous traspasa ese límite. Julian Assange siempre se ha preocupado por seguir los cauces legales a la hora de sacar adelante la organización de WikiLeaks, tras quien se encuentra The Sunshine Press Productions desde 2010, garantizando de este modo su presencia legal. WikiLeaks no se encarga de sustraer la información que hace pública, o al menos no lo hace de forma abierta, y en ningún caso ha podido probarse que su actividad sea ilícita, lo que le permitió ganar el juicio contra VISA por el bloqueo económico. Ha colaborado con los grandes medios de comunicación haciéndose un nombre dentro del mundo del periodismo profesional, a pesar del poco apoyo que ha recibido con el tiempo de los que fueron sus compañeros durante esta etapa.

Sin embargo, y pese los esfuerzos de Assange por mantenerse dentro del marco de lo socialmente establecido, su labor ha sido lo suficientemente incómoda como para convertirse en el blanco de numerosas críticas que han hecho bastante daño tanto a su actividad – como ocurrió a raíz del bloqueo económico–, como a su imagen. Esto ha dado lugar a una creciente desconfianza hacia la actividad de WikiLeaks dentro de la opinión pública, y con ella la imagen tanto de su fundador como de la propia organización, se han visto fuertemente resentidas. Las críticas sobre los informantes afganos muertos por las filtraciones de WikiLeaks, que nunca se probaron, o el escándalo de la violación de Assange a dos mujeres suecas, a quien los medios acusaron desde el principio y sin pruebas que lo avalasen, e incluso con pruebas que vendrían a defender lo contrario, son dos ejemplos de esta criminalización. También la teoría de la conspiración que ha rodeado a Julian Assange desde prácticamente los inicios de WikiLeaks, afirmando que esta es un proyecto de la CIA, ha ido restándole credibilidad ante los ojos de gran parte de sus seguidores, interesados en la actividad de WikiLeaks en tanto que proyecto de contraespionaje. Con todo, WikiLeaks ha conseguido mantenerse en pie, y lo más curioso es que ha sido gracias a otro tipo de acciones que juegan al margen de lo políticamente correcto y lo socialmente establecido, como es el caso de Anonymous.

A diferencia de WikiLeaks, Anonymous no ha respetado las reglas del juego, y ha roto con ellas de forma abierta y deliberada. Haciendo uso del anonimato, las personas que actúan o han actuado bajo ese seudónimo, se protegen tanto ante la ley como ante la opinión pública, dos marcos que ponen en cuestión. Pero la función del anonimato no acaba aquí: sirve a su vez para que el valor de todas sus acciones se sitúe por encima de cualquier autoridad que pudiera ejecutarlas. Quién está detrás de Anonymous es algo que no importa, y Anonymous como tal, como asociación, no existe, sino que es un medio a través del que diversas personas pueden llevar a cabo unas determinadas acciones en un momento dado. Con el paso del tiempo, podemos hablar de Anonymous como un conjunto de acciones y de ideas, e incluso podemos hablar de una determinada evolución, pero no podemos establecer que ha sido un grupo de gente, con una ideología y una intencionalidad conjunta, el que ha estado detrás de ello.

Los principios de los que parte Anonymous son muy básicos y dan cabida a múltiples formas de entender el mundo, siempre sobre la base del lulz5 y el conocimiento libre. En la obra Access to Knowledge as a Field of Activism de Gaëlle Krikorian y Amy Kapczynski se plantea el acceso al conocimiento como un movimiento integrador de los demás movimientos, como el «movimiento de los movimientos». Krikorian menciona que como en el diagrama de Venn, los movimientos encajan unos en otros y se superponen, cada uno con sus particularidades, siendo el acceso al conocimiento un denominador común a todos ellos, impidiendo que sus diferencias se conviertan en obstáculos.

El paraguas del acceso al conocimiento es lo suficientemente grande como para permitir una gran variedad de participantes, temas y acciones, además de permitir a la creatividad expresarse a través de distintos modos sin ser limitados por las estructuras jerárquicas que a menudo dificultan las organizaciones convencionales6.

Como el movimiento por el acceso al conocimiento, Anonymous es un concepto integrador en este sentido, y en muchas ocasiones puede ser un recurso útil para conseguir los fines que se persiguen alrededor de una idea. El lulz, por su parte, es lo que lo caracteriza, dándole una suerte de cuerpo ideológico propio, siendo el recurso que se utiliza para cuestionar las cosas tal y como son aceptadas socialmente. En este sentido, Anonymous es comparable a las caricaturas o a las situaciones construidas, encargadas de desviar nuestra atención de la lógica espectacular para tomar un cierto distanciamiento que haga posible una visión crítica de la realidad, pero dentro de la red y con el conocimiento libre como finalidad.

Sobre el concepto del conocimiento libre en Anonymous pueden hacerse diversas críticas, y de hecho se ha puesto en entredicho la defensa que hacen del mismo al utilizar métodos como las denegaciones de servicio, consideradas por muchos una medida que coarta la libertad. Sin entrar en valoraciones de este tipo, es esta defensa del conocimiento libre que propugna lo que lo asemeja a WikiLeaks, y lo que ha hecho que sus acciones confluyan en distintos momentos a lo largo del tiempo. Lo que diferencia a Anonymous de WikiLeaks es que no sigue unas pautas socialmente establecidas y que lleva a cabo acciones fuera del marco de la ley, e incluso en muchas ocasiones reprobables para la opinión pública, siempre al margen de las instituciones y los diferentes medios que suelen representarnos en la esfera pública central, con los que WikiLeaks ha trabajado mano a mano. Anonymous tiene además un conjunto de valores, aunque muy básicos, que son los que hacen que diferentes personas actúen bajo su seudónimo, donde interactúan y coordinan sus movimientos, con lo que podríamos hablar de una esfera pública periférica. Esta se caracteriza por un modelo horizontal e intermitente donde las diferencias son manifiestas y los debates no se mantienen necesariamente bajo la racionalidad y el consenso, lo que da lugar a operaciones7 tan dispares como llenar de porno YouTube o traducir los documentos expuestos por WikiLeaks. A pesar de no tener una representación en la esfera pública central o no utilizar los cauces establecidos para actuar en ella, incide en ella e interacciona de esta manera con lo que está establecido socialmente. Es un ejemplo de los muchos que se pueden poner de acciones que tienen lugar al margen de las organizaciones, y que influyen en ellas llegando incluso a modificarlas. No solamente son capaces de interceder en la esfera pública central sin intermediarios, sino que incluso los mismos intermediarios tienen que echar mano en diversas ocasiones de estas esferas públicas periféricas para entrar al debate de la esfera pública central, marcado de antemano por la periferia y que hoy tiene una mayor visibilidad gracias al desarrollo de internet y las nuevas tecnologías como veíamos antes con el caso del movimiento de Stop Desahucios. Es también el caso de las colaboraciones puntuales entre Anonymous y WikiLeaks.

Además de la ayuda de cualquier tipo que pueda haberse prestado a WikiLeaks para hacer frente al bloqueo económico o la criminalización a la que se ha visto sometida en más de una ocasión, y que sin duda ha ayudado a mantenerla en pie, hay que tener en cuenta el valor de las filtraciones y lo que esto supone: si no hay informantes, no hay WikiLeaks. WikiLeaks no podría existir si estos informantes no fuesen en cierto modo ajenos, informantes anónimos que le hacen llegar sus filtraciones sin que sea la propia organización la que tiene que cometer la ilegalidad de sustraer la información. Con esto no quiero decir que las filtraciones de WikiLeaks sean fruto de Anonymous, porque no siempre ha sido así, como ocurre con Chelsea Manning, quien filtró los diarios de guerra y Cablegate y quien permanece hoy en la cárcel, pero sí algunas de ellas, y sirve de ejemplo de cómo las propias instituciones pueden llegar a necesitar de estas esferas públicas periféricas para interceder en la esfera pública central en algunos casos. Mientras el periodismo saca grandes beneficios y recibe importantes premios por hacerse eco de unas filtraciones que modifican la forma en que entendemos el mundo, todo un mundo que hace eso posible permanece trabajando en la sombra.

3. Del espectáculo al juego

Antes mencionábamos, siguiendo el análisis de Coleman, que con la digitalización de la esfera pública tiene lugar un salto que va del espectáculo al juego. Mientras que en el espectáculo hay unas pocas personas que llevan a cabo una representación que otros observan de forma pasiva, en el juego todos los participantes desempeñan un papel y todas sus acciones son tenidas en cuenta. A lo que Coleman hace referencia con esto es al paso del papel pasivo que como ciudadanos de a pie hemos mantenido hasta este momento en la esfera pública, donde sólo hemos podido incidir a través de organizaciones y donde la mayor parte del tiempo hemos permanecido como meros espectadores, a un papel activo que podemos llegar a desempeñar con su digitalización.

Guy Debord desarrolló en su obra La sociedad del espectáculo una tesis según la que nuestras relaciones, tanto con las personas que nos rodean como con el mundo en el que nos desenvolvemos, estarían mediatizadas por imágenes8 hasta tal punto que nuestra propia vida habría pasado a consistir en una contemplación que deja de lado cualquier acción9. Este tipo de sociedad no se caracteriza porque haya un gran número de imágenes, que pueden haber sido facilitadas en parte por la reproductibilidad técnica, sino por haberse establecido una imagen del mundo, una forma de entenderlo que pasa necesariamente por estas interpretaciones. Esto se relaciona con el concepto de espectáculo que maneja Coleman, donde no hay una interacción real de todos los actores en la esfera pública sino una representación a la que nosotros acudimos pasivamente y que es la que se instala en la opinión pública a través de la que se mediatizan nuestras interacciones sociales. Dice Debord: «[El espectáculo] es lo contrario del diálogo. El espectáculo se constituye allí donde hay representación independiente»10. Si entendemos que en la esfera pública tiene lugar una representación, entonces es que en ella no tiene lugar el diálogo – que es una conversación entre dos o más personas–, por lo que no podemos hablar realmente de esfera pública. Con su digitalización, sin embargo, sí que pueden establecerse determinados diálogos, lo que tampoco quiere decir que se establezcan. Podemos hablar de un reforzamiento de la esfera pública –no podemos hablar de un resurgimiento porque no hemos tenido una esfera pública como tal– en tanto que los medios dejan de estar monopolizados para pasar a estar colectivizados en cierto grado, aunque se sigan manteniendo presiones externas que limitan nuestras libres interacciones:

El espectáculo es el discurso ininterrumpido que el orden actual mantiene sobre sí mismo, su monólogo autoelogioso. Es el autorretrato del poder en la época de su gestión totalitaria de las condiciones de existencia. […] Si bien el espectáculo, considerado bajo el aspecto de los “medios de comunicacón de masas” que son su manifestación superficial más abrumadora, puede dar la impresión de invadir la sociedad a modo de un nuevo instrumental, no hay en él nada de neutral, se trata del instrumental que conviene a su entero automovimiento. Si las técnicas no pueden alcanzar su satisfacción de no ser por la mediación de tales instrumentos, si la administración de esta sociedad, así como todo contacto entre los hombres, no pueden llegar a ejercerse más que aceptando como intermediario a este poder de comunicación instantánea, ello es debido a que esta “comunicación” es esencialmente unilateral; de modo que su concentración contribuye a centralizar en las manos de la administración del sistema los medios que le permiten perpetuar justamente esa administración11.

Lo que viene a decir Debord con esto es que el espectáculo es un discurso autorreferencial y unidireccional a través del que hace publicidad de sí mismo. El espectáculo se entiende como una forma de estatismo que beneficia a un poder determinado manteniéndolo en una posición privilegiada, algo que logra haciendo que su discurso cristalice en cada una de las interacciones que llevamos a cabo con quienes nos rodean, algo que no hace sino reforzarlo y volverlo absolutista, cristalizando a su vez en nuestras prácticas y la forma en que entendemos el mundo.

Para Debord, el espectáculo se manifiesta a través de los grandes medios de comunicación, que le sirven de herramienta para difundir su mensaje e impregnar con él la totalidad de nuestras prácticas, influenciadas por la opinión pública que generan. Como instrumento del poder, considera que no podemos hablar de neutralidad: son un medio que se utiliza para lograr unos determinados fines, lo que tiene una clara intención: establecerse y reforzarse continuamente. Y si las técnicas no pueden desarrollar todas sus posibilidades, y la gerencia de una determinada comunidad y el mismo trato dentro de ella no pueden desempeñarse sin su mediación, es porque ejercen un discurso unidireccional donde todo el poder queda concentrado en quienes los dirigen, lo que a su vez les permite perpetuarse en esa posición privilegiada.

Con todo esto, se entiende que el espectáculo es una representación en la que nos vemos involucrados sin jugar ningún papel, una función a la que asistimos de forma pasiva y que impregna todas nuestras interacciones, tanto con las que personas que nos rodean como con el mundo en el que nos desenvolvemos. Es un discurso que se traslada a nuestro modo de comprender el mundo porque está establecido sin que nosotros podamos interferir en él por su naturaleza unilateral. Se refuerza mediante el uso de los medios de comunicación de los que tiene el control, y que utiliza para repetir una y otra vez su mensaje hasta tal punto que lo asimilamos como si fuese real, en lugar de actuar por nosotros mismos, viviendo y construyendo nuestra propia realidad. Nos limita a ser meros espectadores en lugar de permitirnos jugar nuestro propio papel.

Esto es lo que Coleman refleja con la esfera pública tradicional, donde efectivamente no podemos interactuar si no es a través de algún intermediario, una intermediación que suele estar en manos de los medios de comunicación de masas que sirven a unos intereses –los de sus accionistas–, y que tienen una gran incidencia en la opinión pública. Esto se debe en gran parte al carácter mayoritariamente unidireccional de estos medios, de quienes recibimos el mensaje pero como espectadores, de manera pasiva y sin poder replicar, asimilando su mensaje de forma llana y sin otras opiniones que erosionen su mensaje. Es muy complicado hablar de esfera pública en este sentido y por eso se hace referencia siempre a una situación ideal; realmente no ha existido esa esfera pública central, a nivel de sociedad, porque nunca hemos podido influir de forma directa a ella ni construirla mediante una interacción libre sobre los asuntos comunes que nos ocupan a todos. Con la digitalización de la esfera pública esto cambia en cierto sentido: se abren nuevas vías que abren espacios en los que poder interactuar libremente, y que además posibilitan una acción directa sobre la opinión pública. Esto no quiere decir que ocurra en la práctica: internet sirve como herramienta pero los problemas que podíamos encontrar antes en relación a presiones externas o límites de acceso, etc., siguen estando ahí como veíamos anteriormente. La diferencia es que podemos ganar autonomía al poder jugar un papel, que aunque no llegue a influir directamente en la esfera pública, puede llegar a hacerlo y, de cualquier modo, supera nuestra naturaleza de espectadores pasivos. El juego acaba con la representación.

4. Hacia un «periodismo hacker»

Teniendo en cuenta los puntos anteriores me gustaría que hiciésemos una aproximación a una de estas nuevas posibilidades que se nos abren en el horizonte de la digitalización: la de un periodismo al margen de su institucionalización.

En el ciberespacio hay una figura muy característica que aúna conocimiento tecnológico y activismo –un alto sentido de la responsabilidad para con su entorno–, ambos indispensables ambos para tener el control en el devenir de internet y dejar de ser meros espectadores del mismo, que es la del hacker. El hacker es un ser curioso que se atreve a alterar los códigos para experimentar nuevas posibilidades sin conformarse con lo que está predeterminado, entendiéndose por códigos cualquier tipo de estructura dada

Como hemos ido viendo, con el desarrollo de internet surgen nuevas posibilidades relacionadas con la digitalización de la esfera pública, y con el conocimiento suficiente pueden explotarse dando con nuevas formas de entender el periodismo. Para Debord, el espectáculo se manifiesta a través de los medios de comunicación de masas – las noticias son siempre una versión editada, una representación de la realidad–, pero con Cablegate nos encontraríamos ante nuevos retos con la fuente primaria liberada en forma de base de datos. En este sentido, el «periodismo hacker» surgiría como una forma de contrapoder donde los periodistas tradicionales o expertos han fracasado.

Durante los últimos años, y en gran medida gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías, han surgido nuevas formas de entender el mundo e interactuar con él que han ido relegando el papel del periodista clásico. Por otra parte, el modelo capitalista que ha seguido el periodismo de masas le ha ido apartando de sus principales funciones, decantándose cada vez más por la rentabilidad, sujeta a unos determinados intereses, y menos por la calidad o profundidad de sus investigaciones. Mientras que a través de nuevos espacios de expresión, como pueden ser otros medios alternativos o los blogs, los ciudadanos han encontrado nuevas vías para informarse y poder expresarse, y se ha abierto con ello un nuevo abanico de posibilidades, los grandes medios han dejado de provocar disensos y generar debates. Han abandonado su posición como contrapoder y han pasado a formar parte constitutiva del poder. Poco a poco, la confianza ciudadana en los medios de comunicación ha ido decreciendo, a la par que la conciencia de una alternativa real se ha ido experimentando y de este modo fortaleciendo. Hemos pasado de infiltrarnos en los grandes medios de comunicación para poder acceder a la esfera pública mediante su representación, a construir una nueva que nos es propia.

El papel del experto está basado en la confianza, y en la medida en que la pierde, toda su figura deja de tener sentido. El experto funciona como una autoridad en la materia, y responde a unos determinados intereses: trabaja para grandes corporaciones en el ámbito de la ciencia, que son a su vez la máxima autoridad en su ámbito, y opera de este modo bajo una determinada ideología que se establece como única. Aunque es cierto que dentro del propio terreno de los expertos existen voces discordantes que invitan al debate y que han ayudado al desarrollo, lo cierto es que son una minoría: hay una forma de entender el mundo que ha sido establecida y que aunque parta de evidencias, está mezclada con juicios sociales y políticos. Con el periodismo ocurre lo mismo: se hace una diferenciación entre los periodistas de profesión, que generalmente trabajan para los grandes medios de comunicación, y los periodistas independientes, y quienes ocupan la esfera pública son primeros. Y cuando el trabajo de un científico, aunque sea en el ámbito del periodismo, está basado en unos intereses económicos, todo su desarrollo tiene lugar en torno a la ideología que caracterice esos intereses. Numerosos temas no ven la luz en los medios de comunicación porque no interesan a las corporaciones que los sustentan. Precisamente por este motivo se está perdiendo hoy la confianza en el papel del experto, y con él la confianza en el periodismo profesional, entendiendo por este el correspondiente a los medios tradicionales. También son los nuevos usos surgidos a raíz del desarrollo de las nuevas tecnologías los que, como decía, están mostrando no solamente que existe una alternativa, sino que esta alternativa puede llegar a ser válida por sí misma y prescindir del dominio de la opinión pública establecida, propiciando la creación de otras esferas públicas que probablemente no puedan convertirse en la central, pero sí incidir en ella desde su periferia.

Que hoy hay un periodismo popular que contamina el periodismo profesional es un hecho. Las historias que se narran a través de Twitter o mediante streamings cuando tiene lugar un desahucio o una manifestación, acaban penetrando en numerosas ocasiones en las tertulias de la radio o la televisión, y lo que se comenta en foros y redes sociales marca muchas veces el guión de las noticias no sólo digitales sino también escritas. Este periodismo genera mucha más información al contemplar un número mucho mayor de historias e intereses. Esto no quiere decir que la figura del profesional carezca de sentido, pero como apuntan en The Received Wisdom, nuevas perspectivas son esenciales para que pueda tener lugar una evolución, y cuando más diversa sea la gente que las proponga, mayor podrá llegar a ser ese avance12, que no necesariamente crecerá hacia delante sino que lo hará también hacia los lados, ampliando terrenos ya descubiertos y dotándolos de nuevos puntos de vista. WikiLeaks ha trabajado con los expertos, ha pactado con cinco de los grandes medios de comunicación más importantes, pero lo que pretende Assange y lo que hace con la filtración de Cablegate es no agotar ahí sus posibilidades. Lo que hace es volver el paradigma más complejo al hacerlo inclusivo y no exclusivo, al ofrecer los datos en bruto en abierto para que del mismo modo puedan ser procesados y poder sacar de esta manera distintos puntos de vista. La evidencia por sí sola puede no ser suficiente, puede ser malinterpretada, utilizarse de forma sesgada, pero si su acceso es público pueden generarse distintas perspectivas que permanezcan en constante debate cuestionando cualquier verdad que pretenda erigirse. Aunque unos y otros responderán a sus intereses y harán primar su concepción ideológica de un modo más o menos explícito, el acceso abierto permite que esas diferencias se encuentren, erosionando de esta manera una única interpretación que, viniendo de los medios tradicionales, puede ser especialmente sesgada al responder a los intereses económicos de sus accionistas. Puede funcionar como una continua autocorrección.

Es cierto que con el desarrollo de internet y las nuevas tecnologías, las esferas públicas periféricas han ganado facilidades para interceder en la esfera pública central sin necesidad de una organización que les represente en ese ámbito, y que en este sentido podríamos estar hablando de una mayor autonomía. Las personas que han llenado páginas de prensa digital, a raíz de un ataque de denegación de servicio o de una filtración a través de la red utilizando el seudónimo de Anonymous, por los numerosos comentarios que ha generado en diferentes lugares del ciberespacio al respecto, como puede ocurrir con alguien que comenta la vivencia en primera persona de un suceso, en principio sin importancia, a través de Twitter y que acaba convirtiéndose en trending topic y pasando luego a portada de los grandes medios de comunicación, podrían ser un ejemplo de esto. Aquí son los propios individuos o grupos de personas los que, haciendo uso de unas determinadas herramientas, consiguen penetrar directamente en la opinión pública, lo que en ocasiones conlleva introducir el tema en la esfera pública central donde pasa a interaccionarse sobre el mismo.

La libertad total es un concepto ideal, pero podemos acercarnos más o menos a esa libertad, y de este modo ganar o no más autonomía. Con la publicación de los datos en bruto de Cablegate podemos efectivamente trabajar por nosotros mismos una información que de otro modo nos llega censurada o manipulada, es un ejemplo de las posibilidades que se abren ante nosotros con el desarrollo de las nuevas tecnologías, muchas de ellas todavía por explorar. Tenemos mecanismos que nos permiten jugar un papel que antes sólo podíamos observar, convirtiéndonos en protagonistas y sacándonos del rol de espectadores. Tenemos la posibilidad de procesar la información por nosotros mismos, con nuestras propias manos, y sacar unas conclusiones propias a partir de ello. Pero para poder acceder a los datos en bruto de Cablegate, y sobre todo, para poder procesarlos a nuestra manera y no en función de un diseño predeterminado, es necesario que tengamos unos mínimos conocimientos tecnológicos. Cada día que pasa utilizamos más las nuevas tecnologías que tenemos a nuestra disposición, y o tenemos conocimiento de su funcionamiento para que nos sea útil a nuestros fines, o responderá a los fines de quienes las controlen: he aquí la importancia de la figura del hacker. Julian Assange termina la conversación entre sus compañeros cypherpunks afirmando:

De modo que creo que las únicas personas capaces de conservar la libertad que teníamos, digamos, hace veinte años –pues la vigilancia ya ha eliminado unas cuantas, aunque todavía no nos hayamos enterado–, son aquellas que posean una gran formación en los entresijos de este sistema. Sólo una élite rebelde y altamente tecnificada podrá ser libre, estas ratas listas que corretean por el teatro de la ópera13.

1PAPACHARISSI, Z. The Virtual Sphere 2.0: The Internet, the Public Sphere and beyond en Chadwick, A. y Howard, P. (Eds.) Handbook of Internet Politics, 2009, pp. 8 – 11.

2Íbid., pp. 2 – 3.

3WINNER, L. The whale and the reactor: a search for limits in age of high technology. Chicago, University of Chicago Press, 1986, pp. 19 – 39.

4COLEMAN, G. Anonymous and the Politics of Leaking. In Beyond WikiLeaks: Implications for the Future of Communications, Journalism & Society. Brevini, B., Hintz, A., and McCurdy, P., eds., Basingstoke, UK: Palgrave Macmillan, 2013, p. 209.

5Perversión de la expresión LOL, “reírse en voz alta” en inglés (“Lots of Laughs”).

6KRIKORIAN, G. Access to Knowledge: Access to Knowledge as a Field of Activism. Zone Books, New York, 2010, p. 69.

7Nombre que suelen dar a las distintas acciones que llevan a cabo como guiño a procedimiento policial.

8DEBORD, G. La sociedad del espectáculo. Pre-Textos, Valencia, 2010, p. 38, § 4.

9Íbid., p. 40, § 8.

10Íbid., p. 43, § 18.

11Íbid., pp. 45 – 46, §24.

12STILGOE, J; IRWIN, J; JONES, K. The Received Wisdom. Opening up expert advice, London: Demos, 2006, p. 21.

13ASSANGE, J; APPELBAUM, J; MÜLLER-MAGUHN, A; ZIMMERMANN, J. Chypherpunks. Deusto, Barcelona, 2013, p. 168.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: