Cablegate: hacia un «periodismo hacker»

Julian Assange comenzó el proyecto de WikiLeaks como un prototipo. Partía de la idea de filtrar la información privada que dota de poder a quienes nos gobiernan de una forma segura para no comprometer con ello la seguridad de los más débiles. Esto lo ideó en armonía con su forma de entender el mundo que había desarrollado como cypherpunk, como activista que utiliza la criptografía como medio para lograr un cambio político y social. Desde un primer momento, sabía qué era lo que quería, pero el modo de hacerlo posible era algo que todavía estaba, y sigue hoy estando, pendiente de ensayos y errores.

Comenzó probando con un formato wiki mediante el que se establecía un espacio abierto para que cualquier persona con acceso a internet y unos mínimos conocimientos informáticos pudiera analizar, borrar los metadatos y contrastar los archivos recibidos y a los que normalmente no tenemos acceso a través de un buzón anónimo, para ir de este modo recopilando la información y ponerla a disposición del público sin vulnerar la seguridad de los informantes. Sin embargo, consideró que este formato no resultaba del todo útil o interesante al ver que las colaboraciones eran escasas. Entonces estableció un modo de proceder en el que la fecha de publicación quedaba fijada desde la recepción de los documentos, marcando un espacio de tiempo determinado para su procesamiento –ahora privado– por parte de los colaboradores de WikiLeaks, previamente asignados por él. También probó con publicaciones simultáneas entre la propia web y distintos medios de comunicación1. Lo que quedó establecido y sobre lo que Assange no tenía ninguna duda, era de que WikiLeaks sería en todo momento una actividad editorial o periodística con la protección que le corresponde. Fue un paso más allá, y pactó una alianza única con cinco de los más grandes medios de comunicación.

La gran alianza y la filtración de Cablegate

A finales de 2010, WikiLeaks empezó a publicar los diarios de guerra de Afganistán e Irak junto con otros medios de comunicación. Estos documentos los habían recibido junto con otros correspondientes a numerosas embajadas estadounidenses alrededor del mundo entero, mediáticamente conocidos como Cablegate, y juntos conformaban un conjunto de especial volumen y relevancia. El procesamiento de toda aquella información no era una tarea abarcable para el reducido número de colaboradores que tenían entonces WikiLeaks, y su impacto dependía en gran medida de la forma en que se presentasen. Esto llevó a Julian Assange a un pacto con tres de los grandes medios de información más reconocidos del mundo entero, en junio de aquel mismo año: The New York TimesThe Guardian Der Spiegel. Aunque WikiLeaks ya había colaborado en otras ocasiones con medios tradicionales para publicar algunos de sus documentos, aquella era la primera vez que se hacía de forma cooperativa. Fue Assange, la figura de un reconocido hacker, el que consiguió lo que los propios medios de comunicación nunca habían logrado: establecer una base de apoyo mutuo entre ellos para publicar. Y no para publicar cualquier tipo de noticias, sino exclusivas de carácter transnacional al mismo tiempo. Puso de manifiesto que la competitividad como método de trabajo, frente a la posibilidad de colaboración que se abre hoy con el desarrollo de las nuevas tecnologías, ha quedado caduca, recordando que la supervivencia depende principalmente de la capacidad de adaptación al cambio. Con este pacto también evitaban posibles medidas cautelares de embargo, algo a lo que cualquier publicación particular se puede enfrentar al tratar un tema delicado, pero que pierde todo su sentido cuando son varias, y de diversos países, las que se hacen eco de una misma noticia. De este modo también se amplía la repercusión al cubrir un mayor número de lenguas, que en este caso incluía el inglés y el alemán, y posteriormente también el francés y el español con la incorporación de Le Monde El País. También el hecho de salir en distintos países y en la red al mismo tiempo ampliaba el nivel de impacto.

Los documentos sobre la guerra de Afganistán comenzaron a publicarse el 25 de julio de 2010 y los de la guerra de Irak el 22 de octubre de aquel mismo año. Assange quería lograr aún más difusión para la publicación de los documentos diplomáticos, y el 1 de noviembre añadió al pacto a Le Monde y El País, aunque no sin algunas reticencias por parte de sus primeros medios colaboradores: a pesar de que el éxito de las publicaciones de los diarios de guerra era manifiesto, y con ello también el de este nuevo modelo de periodismo, The New York TimesThe Guardian y Der Spiegel querían mantener la exclusiva.

Las filtraciones las habían recibido sin ningún coste y estaban generando sendos beneficios, beneficios que podían verse incrementados a través de la colaboración: de esta forma es más fácil avanzar en el análisis de la información recibida y cubrir un mayor espectro de lectores. Podían convertir los documentos diplomáticos en un tema de interés general haciendo que penetrasen con mayor fuerza en la esfera pública, algo difícil de conseguir si la información se restringe a los lectores de unos medios, lenguas y países determinados. Sin embargo, no conseguían alcanzar ningún acuerdo sobre el modo de proceder. Para los grandes medios de información, Assange nunca fue un periodista, ni WikiLeaks una agencia de noticias. Tomaron la información que Assange les había dado pero no compartieron los beneficios que con ella generaron, ni tampoco dedicaron unas líneas de sus ediciones a agradecerle su trabajo.

Además de esto, y a pesar de la cantidad de periodistas que estaban trabajando de forma más o menos coordinada en el análisis de la información, esta salía a cuentagotas. En febrero de 2011 sólo unos 3.900 documentos habían visto la luz, rondando los 20.000 en agosto de aquel mismo año, de un total de 251.287. Assange se vio sometido a una criminalización por parte de los Estados Unidos a la que ayudaron a coger fuerza. No le ayudaron cuando la web de WikiLeaks fue el blanco de diversos ataques informáticos o Amazon lo eliminó de sus servidores eliminando la dirección de wikileaks.org. No denunciaron el bloqueo que tanto la Biblioteca del Congreso, como el Departamento de Comercio o el Ejército de Estados Unidos hicieron al material de WikiLeaks a través de sus redes, ni añadieron un botón de donaciones –su única vía de ingresos– desde sus portales web cuando Assange se lo pidió, y VISA, MasterCard, PayPal y Bank of America le denegaron sus servicios financieros. A todo esto, hay que sumarle el chivatazo que su ex-colaborador Domscheit-Berg hizo de la ubicación de Cablegate a Der Freitag: aunque se encontraban en un archivo encriptado, podía hallarse la clave en un libro recientemente publicado. David Leigh y Luke Harding, dos periodistas de The Guardian con el que WikiLeaks estaba colaborando, acababan de escribir WikiLeaks y Assange, una obra muy crítica donde aparecía, entre otras cosas, la clave del archivo encriptado. Esto hizo que Assange acabase de perder el control sobre aquella filtración, lo que finalmente le llevó a la publicación íntegra de la base de datos de los documentos de las embajadas.

Cablegate es una filtración conformada por 251.287 documentos de embajadas estadounidenses alrededor del mundo entero, que van desde el 28 de diciembre de 1966 hasta el 28 de febrero de 2010, y que es mayor que la de los diarios de guerra de Afganistán e Irak. El 31 de agosto de 2011, 10 meses después de que saliese la primera noticia sobre el tema en los grandes medios de comunicación2, esta base de datos fue comprimida en un torrent de descarga directa que toda persona con acceso a internet puede descargar. Aunque WikiLeaks ha ofrecido siempre su información en bruto independientemente de que esta haya sido procesada y publicada en su forma editada –junto a las noticias basadas en documentos liberados, ofrece los propios documentos de forma que cada persona pueda, si quiere, acceder a la fuente primaria–, no es lo mismo tener acceso a todos los documentos que solamente a los que han sido previamente publicados por la prensa. Tampoco es lo mismo poder acceder a ellos desde nuestro propio ordenador que desde la nube, donde hay unos parámetros de búsqueda preestablecidos. Al poder almacenarlos en nuestra computadora, podemos procesarlos libremente, sin las restricciones que inevitablemente encontramos al trabajar con una información que se encuentra en la nube. Con unos mínimos conocimientos tecnológicos, podemos ser nosotros los que establezcamos los criterios de búsqueda, pudiendo partir de este modo de una base mucho más neutral que si tenemos que adaptarnos a unas estructuras predeterminadas. Las noticias son siempre en estos casos una versión editada de la información que contienen las filtraciones en bruto, y a menos que se acuda a la fuente primaria, una determinada imagen acaba preestableciéndose, una representación. Sin embargo, con el acceso a la base de datos esto no tiene porqué ser necesariamente de esta forma: se abre una vía al empoderamiento. Pero antes de analizar esta nuevas posibilidades, tenemos que comprender las tecnologías que las hacen factibles, y ser conscientes también de sus limitaciones.

El entorno red: ¿podemos hablar de una esfera pública digital?

Para Julian Assange WikiLeaks juega, o debería jugar, un papel relevante en la consecución de una mayor calidad democrática. Sitúa el acceso a la información en la base de la democracia en tanto que sistema político basado en la participación ciudadana. Desde su punto de vista, la opacidad de los gobiernos y de las instituciones, del mismo modo que la falta de privacidad de los individuos, imposibilita el desarrollo de los humanos como seres libres y autónomos. Entiende que la transparencia, aplicada a los poderosos, genera una sociedad mejor para todo el mundo reduciendo la corrupción y fortaleciendo las instituciones democráticas, incluyendo los gobiernos, las empresas y otras organizaciones, y un periodismo saludable, dinámico e inquisitivo puede jugar un rol relevante en la consecución de estos objetivos. Para que todo el mundo pueda participar en un asunto político es necesario que todo el mundo sepa en qué consiste, que los datos sean libres, y por tanto, todo el mundo tenga acceso a ellos. Con WikiLeaks, lo que pretende es hacer pública esa información a la que no tenemos acceso para, por un lado, vigilar las acciones de quienes nos gobiernan para que, por otro, podamos dejar de ser gobernados y recuperemos el control de nuestra autonomía. Lo primero que hay que tener en cuenta en este sentido, es que WikiLeaks funciona principalmente a través de internet.

Muchas personas consideran que con el desarrollo de internet ha resurgido la esfera pública, un ámbito en nuestra vida social donde puede llegar a formarse y a transformarse libremente una opinión pública nutrida de intereses de todo tipo a través de la libre interacción. Pero un espacio público, como puede llegar a ser (y no necesariamente es) internet, no implica que se establezca una esfera pública donde el ciudadano pueda acceder al diálogo sobre las cuestiones que afectan a la comunidad e intervenir.

Según la noción clásica de Habermas, la esfera pública es un espacio ideal y metafóricamente accesible para todos los ciudadanos donde se interactúa libremente sobre los asuntos públicos de la sociedad a través de un proceso discursivo y racional, llegándose a alcanzar consensos que engloban los intereses colectivos de la misma. Es el único lugar verdaderamente democrático en la medida en que son las propias personas, sin representantes, las que construyen la democracia a través de sus discursos. Sin embargo, esta noción presenta numerosos problemas: por un lado, es muy difícil establecer un espacio libre de presiones externas (como la influencia del Estado y de los mercados), y por otro, sus condiciones técnicas son, y han sido, cuestionadas. No hay que olvidar que estamos hablando de un espacio ideal, pero cuando se habla de un posible surgimiento o resurgimiento de la misma con el desarrollo de internet, es necesario plantear los problemas que esta noción presenta.

En primer lugar, un acceso libre real es algo imposible, ya que siempre están presentes determinados impedimentos como puede ser el machismo en un ámbito cultural concreto. Nunca estamos en igualdad de condiciones, ni siquiera en internet donde podemos hacer uso del anonimato para reinventarnos: para acceder necesitamos de una infraestructura, para lo que podemos encontrarnos tanto ante problemas económicos como materiales, y también unos mínimos conocimientos. No hay que olvidar que no todo el mundo tiene acceso a internet, ni siquiera en una localidad determinada.

En segundo lugar, la racionalidad no tiene por qué ser ni deseable, ni suficiente, y muchas veces puede ser un inconveniente al resultar demasiado rígida y dejar numerosas cuestiones no menos importantes fuera. Se argumenta su necesidad como medio de alcanzar el consenso, pero este también tiene sus detractores por dejar de lado los intereses individuales y generar minorías que quedan relegadas a la periferia. En este aspecto, internet no sigue los parámetros de la esfera pública ideal ya que da cabida a todo tipo de opiniones, pero tiende a la homogeneización. Aunque cualquiera puede acceder a un espacio donde decir lo que piensa, la visibilidad nunca es la misma. Por otro lado, el disenso puede ser mucho más enriquecedor que el consenso al replantear una y otra vez la opinión pública que se vaya tejiendo, impidiendo de esta forma que exista una tendencia a la domesticación de la esfera pública, al dominio de una opinión general.

En tercer y último lugar, hay que tener en cuenta que internet no es independiente de nuestra realidad física. Como cualquier otra tecnología, es un reflejo de nuestra realidad política y social, y no resulta ni inherentemente buena, como unos se afanan por afirmar, ni mala, como otros se apresuran a replicar, de la misma manera que no puede permanecer neutra. Es una herramienta y puede ser utilizada para unos y otros fines en función de los usos que le demos3. Además, como cualquier otro instrumento, tiene una estructura que la determina, por lo que sus distintas posibilidades dependen en gran parte de su diseño4, que en la mayor parte de los casos nos viene dado escapando de este modo a nuestro control.

¿Podemos entonces hablar de una esfera pública digital en la que podamos empoderarnos? Antes de responder a esta pregunta, es necesario prestar atención a otro elemento clave en WikiLeaks y esencial para comprender el concepto que tiene Julian Assange de internet: la criptografía.

Transparencia para el poderoso, privacidad para el débil

Assange entiende la falta de acceso a la información como un medio de dominación. El secreto, lo que está oculto, aquello a lo que no podemos acceder, tiene un control sobre nosotros en la medida en que escapa a nuestro conocimiento, de forma que nos mantiene al margen de sus procesos sin ninguna posibilidad de intervenir en ellos, ni de empoderarnos en este sentido. Sólo aquellos ante quienes lo oculto es desvelado pueden jugar un papel en su desarrollo. Como apunta Jorge Lozano en su entrevista para eldiario.es, el problema clave al hablar de WikiLeaks no es tanto el descubrimiento de una información como el acceso a un lugar restringido, sagrado. Aunque a menudo se la ha descrito como una organización dedicada a exponer secretos, probablemente por el interés sensacionalista que despiertan en nosotros, lo cierto es que su finalidad se centra en el acceso a la información. En muchas ocasiones las filtraciones no nos han contado nada nuevo, y muchas de las veces que lo han hecho ha sido para corroborar algo que ya sospechábamos. Aquí entra en juego un elemento clave en WikiLeaks: la criptografía. La criptografía aplicada a nuestras prácticas nos dota de autonomía frenando el dominio que sobre ellas puedan ejercer fuerzas externas. De aquí radica el sentido de la famosa expresión de Julian Assange: «privacidad para el débil, transparencia para el poderoso».

La criptografía sirve para brindar privacidad a las personas, impidiendo de este modo que ningún gobierno pueda inmiscuirse en los asuntos privados y dotándolas así de independencia y libertad sobre sus acciones. La transparencia, en cambio, aplicada a gobiernos e instituciones, impide que en ellos se concentre y limite su poder, evitando que nada quede oculto y de este modo fuera del control ciudadano. Con WikiLeaks Assange quiere cambiar las reglas, quiere modificar ese diseño de internet donde los estados y los mercados marcan las pautas a través de unos diseños privativos sobre los que no tenemos control, y considera que esto se logra situando el acceso al conocimiento en la base. Esto ha sido factible, precisamente, gracias a las posibilidades que nos han brindado determinados desarrollos tecnológicos, pero utilizados con conocimiento y con unos objetivos marcados, con una responsabilidad que solemos omitir y a la que personas como Julian Assange dan una gran relevancia: «Internet, nuestra mayor herramienta de emancipación, se ha transformado en la facilitadora más peligrosa del totalitarismo jamás vista»5.

Hoy el control viene ya integrado en los dispositivos que son cada vez más herméticos, impidiendo de este modo que podamos comprenderlos. Cada día es más complicado abrir un teléfono y entender su arquitectura, del mismo modo que cada día es más difícil cambiar los faros del coche sin pasar por el mecánico por su propia estructura. Si no conocemos las herramientas que estamos manejando, no podemos gobernarlas y somos nosotros los que pasamos a ser gobernados por ellas. La falta de acceso al conocimiento se convierte de este modo en un medio de dominación, algo que está muy relacionado con el trabajo que lleva a cabo con WikiLeaks.

Como Lawrence Lessig escribió ya en su obra El código (2009), este tiene una función reguladora que permite o impide (según sea) realizar determinado tipo de acciones. Se ve muy bien en el ejemplo que utiliza sobre la regulación de volar sobre una propiedad privada en Second Life frente al espacio físico:

Fijémonos, no obstante, en la importante diferencia existente entre una y otra regulación. En el espacio real la ley establece penas por violar la regla de “alto/bajo”; en Second Life, simplemente no se puede violar la regla de los 15 metros. La regla forma parte del código y éste controla cómo somos en Second Life. No tenemos la opción de desobedecer la regla, al igual que no la tenemos de desobedecer la ley de la gravedad6.

En este caso, el código se convierte en ley impidiendo una determinada acción. De este mismo modo, el diseño de un software determina los usos que de ella se pueden hacer. Es precisamente en este sentido en el que la criptografía puede servir como herramienta contra cualquier fuerza coercitiva que nos quieran aplicar. Y si se utilizase para crear las leyes de internet, todavía en construcción, podría garantizar, según Assange, su independencia y con ella las que considera que son las cuatro libertades básicas: la libertad de movimiento, de pensamiento, de comunicación y de interacción económica, hoy todas ellas vulneradas7.

¿Puede establecerse una verdadera esfera pública digital en internet con medios como la criptografía? Lo que conseguimos mediante su uso es limitar el control de los estados y los mercados, pero requiere de un conocimiento tecnológico importante, necesario si queremos hablar de empoderamiento. Por otro lado, el problema del acceso no tiene por qué vencerse de este modo, y el de la racionalidad y el consenso es algo que siempre va a quedar ahí y depende de diversos puntos de vista, aunque con la criptografía sí podría vencerse la homogeneización que actualmente sufre la red. Teniendo todo esto en cuenta, podemos plantearnos si un empoderamiento ciudadano es posible y en qué medida, cuando hablamos de un nuevo periodismo que vamos a llamar «periodismo hacker» siguiendo el concepto que utiliza Víctor Sampedro en El cuarto poder en red8.

Periodismo hacker

El «periodismo hacker» surge como una forma de contrapoder donde los periodistas tradicionales o expertos han fracasado. Como dice Víctor Sampedro en El cuarto poder en red: «demasiados ingresos convierten a un medio de comunicación en un poder en sí mismo, no en contrapoder»9. Durante los últimos años, y en gran medida gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías, han surgido nuevas formas de entender el mundo e interactuar con él que han ido relegando el papel del periodista clásico. Por otra parte, el modelo capitalista que ha seguido el periodismo de masas le ha ido apartando de sus principales funciones, decantándose cada vez más por la rentabilidad, sujeta a unos determinados intereses, y menos por la calidad o profundidad de sus investigaciones. Mientras que a través de nuevos espacios de expresión, como pueden ser otros medios alternativos o los blogs, los ciudadanos han encontrado nuevas vías para informarse y poder expresarse, y se ha abierto con ello un nuevo abanico de posibilidades, los grandes medios han dejado de provocar disensos y generar debates. Han abandonado su posición como contrapoder y han pasado a formar parte constitutiva del poder. Poco a poco, la confianza ciudadana en los medios de comunicación ha ido decreciendo, a la par que la conciencia de una alternativa real se ha ido experimentando y de este modo fortaleciendo. Añade Sampedro: «hackear el periodismo implica abrir nuevas vías de transparencia y participación»10. Hemos pasado de infiltrarnos en los grandes medios de comunicación para poder acceder a la esfera pública mediante su representación, a construir una nueva que nos es propia.

Resulta interesante utilizar el término «hacker» porque hace referencia a un ser curioso que se atreve a alterar los códigos para experimentar nuevas posibilidades sin conformarse con lo que está predeterminado, entendiendo por código cualquier clase de estructura dada. Esto está relacionado con estas nuevas formas de expresión que se abren con el desarrollo de las nuevas tecnologías y especialmente de internet, y también con la figura de Julian Assange, fundamental para entender el papel de WikiLeaks en todo esto. Como explicaba antes, con Cablegate se abre una nueva forma de entender y hacer periodismo al ofrecer las filtraciones en bruto, de forma abierta, para que todo el que quiera (y pueda) acceda a ellas. Se antepone un periodismo de filtraciones al periodismo de datos11, situando el interés de la información en la persona que la filtra y los motivos que le llevan a hacerlo, así como el modo de hacerlo, frente a la cantidad. Se pone el acento en la propia información, en su investigación, y no en los beneficios que puedan sacarse de ella. Se abre una brecha entre el periodismo profesional, que ha empezado a desviar el interés de su lugar natural, y el periodismo amateur.

Un amateur es «alguien que hace lo que hace por amor al arte y no por dinero»12En su figura se difumina la diferencia que suele establecerse entre el espacio del trabajo y el de nuestra casa, dejando esta última de ser un ámbito privado para pasar a ser una frontera que diferencia el trabajo que realizamos para vivir, del trabajo que realizamos por pasión y que compartimos. El amateur, cuando trabaja, lo hace con sus propias manos y porque quiere, porque le gusta, y busca compartirlo para poder seguir disfrutando de lo que hace y los resultados que con ello se generan. El amateur, cuando trabaja, lo hace centrado en lo que está haciendo, sin ocuparse de grandes temas que permanecen más allá del objeto que maneja en ese concreto momento y lugar. Amateurs, igual que expertos, somos todos en algunos ámbitos y en otros no, y los resultados de este trabajo tienen su impacto e influencia como los de cualquier otro.

La figura del amateur ha entrado hoy en la escena del conocimiento como si fuera nueva, pero en realidad siempre ha estado ahí, y este logro ha sido fruto del trabajo que se ha venido haciendo desde los estudios de la ciencia por darles el reconocimiento que tienen en su desarrollo. Cuando hoy hablamos de ciencia, se hace una diferenciación notable entre la figura del experto y el amateur, que es considerado profano. Sin embargo, la figura del experto es relativamente nueva, y a lo largo de la historia ha sido el conocimiento profano el motor del desarrollo científico, de la misma manera que lo sigue siendo hoy en un segundo plano. Pero los trabajos y las aportaciones anónimas siguen siendo hoy una parte fundamental del conocimiento, y de hecho comienzan a vivir un determinado auge al estarse perdiendo la confianza ciudadana en las instituciones. Y con el periodismo pasa lo mismo que con la ciencia en este sentido.

El papel del experto está basado en la confianza, y en la medida en que la pierde, toda su figura deja de tener sentido. El experto funciona como una autoridad en la materia, y responde a unos determinados intereses: trabaja para grandes corporaciones en el ámbito de la ciencia, que son a su vez la máxima autoridad en su ámbito, y opera de este modo bajo una determinada ideología que se establece como única. Aunque es cierto que dentro del propio terreno de los expertos existen voces discordantes que invitan al debate y que han ayudado al desarrollo, lo cierto es que son una minoría: hay una forma de entender el mundo que ha sido establecida y que aunque parta de evidencias, está mezclada con juicios sociales y políticos. Con el periodismo ocurre lo mismo: se hace una diferenciación entre los periodistas de profesión, que generalmente trabajan para los grandes medios de comunicación, y los periodistas independientes, y quienes ocupan la esfera pública son primeros. Y cuando el trabajo de un científico, aunque sea en el ámbito del periodismo, está basado en unos intereses económicos, todo su desarrollo tiene lugar en torno a la ideología que caracteriza esos intereses. Numerosos temas no ven la luz en los medios de comunicación porque no interesan a las corporaciones que los sustentan. Precisamente por este motivo se está perdiendo hoy la confianza en el papel del experto, y con él la confianza en el periodismo profesional, entendiendo por este el correspondiente a los medios tradicionales. También son los nuevos usos surgidos a raíz del desarrollo de las nuevas tecnologías los que, como decía, están mostrando no solamente que existe una alternativa, sino que esta alternativa puede llegar a ser válida por sí misma y prescindir del dominio de la opinión pública establecida, propiciando la creación de otras esferas públicas que probablemente no puedan convertirse en la central, pero sí incidir en ella desde su periferia.

Que hoy hay un periodismo popular que contamina el periodismo profesional es un hecho. Las historias que se narran a través de Twitter o mediante streamings cuando tiene lugar un desahucio o una manifestación, acaban penetrando en numerosas ocasiones en las tertulias de la radio o la televisión, y lo que se comenta en foros y redes sociales marca muchas veces el guión de las noticias no sólo digitales sino también escritas. Este periodismo genera mucha más información al contemplar un número mucho mayor de historias e intereses. Esto no quiere decir que la figura del profesional carezca de sentido, pero como apuntan en The Received Wisdom, nuevas perspectivas son esenciales para que pueda tener lugar una evolución, y cuando más diversa sea la gente que las proponga, mayor podrá llegar a ser ese avance13, que no necesariamente crecerá hacia delante sino que lo hará también hacia los lados, ampliando terrenos ya descubiertos y dotándolos de nuevos puntos de vista. WikiLeaks ha trabajado con los expertos, ha pactado con cinco de los grandes medios de comunicación más importantes, pero lo que pretende Assange y lo que hace con la filtración de Cablegate es no agotar ahí sus posibilidades. Lo que hace es volver el paradigma más complejo al hacerlo inclusivo y no exclusivo, al ofrecer los datos en bruto en abierto para que del mismo modo puedan ser procesados y poder sacar de esta manera distintos puntos de vista. La evidencia por sí sola puede no ser suficiente, puede ser malinterpretada, utilizarse de forma sesgada, pero si su acceso es público pueden generarse distintas perspectivas que permanezcan en constante debate cuestionando cualquier verdad que pretenda erigirse. Aunque unos y otros responderán a sus intereses y harán primar su concepción ideológica de un modo más o menos explícito, el acceso abierto permite que esas diferencias se encuentren, erosionando de esta manera una única interpretación que, viniendo de los medios tradicionales, puede ser especialmente sesgada al responder a los intereses económicos de sus accionistas. Puede funcionar como una continua autocorrección.

El nuevo horizonte que se abre con Cablegate es el de la cultura del DIY enfocada al mundo del periodismo, un reflejo de la rebelión hacia lo que nos viene ya dado a través de los grandes medios de información, una invitación a investigar por nosotros mismos las fuentes y fabricar nuestras noticias haciendo uso de la creatividad y evitando caer en el consumo que alimenta ese periodismo que pretende establecerse como representante de nuestras inquietudes en la formación de una opinión pública que deja al margen gran parte de ellas14. WikiLeaks es en este sentido causa de este empoderamiento que ha facilitado el desarrollo de las nuevas tecnologías mediante las que hemos comprendido que podemos operar sin los expertos, y una vía que pretende fortalecerlo. Y en este sentido, se presenta como una amenaza para los grandes medios de comunicación. Lanzaba Benkler la pregunta sobre por qué se había sometido a WikiLeaks a una dura campaña de desprestigio y criminalización y no a los medios tradicionales, como el New York Times, con los que había pactado y que también publicaban las filtraciones que se suponían causa suficiente de denuncia contra Assange, y quizás sea esta precisamente la respuesta. La editorial de El País del 4 de septiembre de 2011, nada más fue publicada la base de datos de Cablegate, decía así:

El error de Wikileaks no consiste en haber renunciado a servir de fuente a algunos de los principales diarios y semanarios del mundo: The Guardian, The New York Times, Der Spiegel, Le Monde y EL PAÍS; consiste en haber abandonado luego la deontología por la que se rige el periodismo con el que están comprometidos esos medios. Al emprender ese camino, Wikileaks abandona el periodismo y se adentra en un terreno desconocido, donde puede servir simultáneamente a la causa de los derechos humanos y a su violación. Nada hubiera impedido que Wikileaks siguiera respetando la deontología periodística aunque cesara en su relación con otros medios. Su opción habría sido inobjetable. Al haber adoptado una opción distinta, y que pone en duda la tarea del periodismo en las sociedades democráticas, la respuesta que merece es la de la condena.

Lo que se está criticando es precisamente que Julian Assange decida poner la información en bruto, de forma accesible para todo el que quiera, en lugar de seguir con la lógica periodística donde unos pocos expertos son los encargados de editar la información según unos criterios privados que escapan a todos los que no forman parte de ese círculo cerrado, aunque son los que consumen ese producto. ¿En qué sentido podría esto convertirse en defensa o violación de los derechos humanos? Y de serlo, ¿podría ser esta una razón suficiente para condenarlo? Parece que nos encontramos ante una posibilidad de cambio y una costumbre que se resiste a ser absorbida por el mismo, ante una lucha por liberar algo de una propiedad y la resistencia de quien pretende mantener permanentemente su control sobre ella. Pero si queremos recuperar el sentido del periodismo, tendremos que admitir que hace más el amateur por la universalidad y horizontalidad en la ciencia que el experto, vinculado a las marcas y los intereses de las corporaciones, como ocurre con el periodismo. Cuando WikiLeaks se vio en problemas, fueron personas anónimas las que, al margen de toda organización, se coordinaron a través de la red para hacer posible que un modelo alternativo sobreviviese a la presión institucional.

Esferas periféricas: ultra cojonudamente coordinados

Cuando a finales de 2010 WikiLeaks empezó a sufrir el acoso en múltiples formas, y su criminalización trató de establecerse con notable éxito en la opinión pública, los grandes medios de comunicación que trabajaron junto a Assange sobre las filtraciones que él les ofreció gratuitamente, y con las que sacaron sendos beneficios, no le apoyaron, y de hecho, ayudaron a empeorar su situación. Cuando a finales de agosto de 2011 Julian Assange decidió hacer pública la base de datos de Cablegate, los mismos periódicos con los que había trabajado le dedicaron sus editoriales conjuntamente, muy críticas, para acabar con su imagen de cara al público. Fueron personas anónimas, amateurs, quienes sin ningún tipo de organización previa pero con una excelente coordinación, mantuvieron WikiLeaks a flote y salvaguardaron la importancia de su trabajo, tanto en su materialidad como en su concepto. Anonymous, ese vocablo que representa la ausencia de la fuente o la imposibilidad para identificarla, tuvo un rol relevante en esta empresa.

Anonymous no es una organización donde un determinado grupo de personas asociadas llevan a cabo distintas acciones, es un seudónimo que cualquiera puede hacer suyo posibilitando la acción de una colectividad indeterminada sin estructura jerárquica de ningún tipo. Si con WikiLeaks nos encontramos ante un nuevo modelo de periodismo donde se combina el trabajo de los amateurs con el de los profesionales, penetrando de este modo directamente en la esfera pública central, en Anonymous estamos ante una posible esfera pública que permanecería completamente en la periferia. Esto hace que las acciones de WikiLeaks tengan más trascendencia que las de Anonymous, pero es importante tener el papel de este último presente porque sin él no se entiende el desarrollo de WikiLeaks: no solamente le ayudó a superar las complicaciones a las que la organización se enfrentó, sino que también le suministró parte del material que filtró. No es una colaboración organizada, son solamente acciones coordinadas en momentos puntuales, pero que han marcado el devenir de ambos.

La configuración anárquica de Anonymous está caracterizada por el disenso y la ruptura, ya que abarca tantas concepciones como personas quieran usar su nombre, y choca en este sentido con la estructura de WikiLeaks, marcada por unos principios mucho más concretos que responden en gran medida a los intereses de su fundador Julian Assange. En Anonymous, en cambio, el liderazgo está mal visto y se da absoluta prioridad a los hechos, independientemente de quién los lleve a cabo. Mientras que WikiLeaks entra en lo socialmente establecido, Anonymous se mantiene al margen generando su propio espacio de sentido. Las tácticas son más variadas, y su estructura, si es que podemos utilizar este término en referencia a Anonymous, es más abierta y participativa que la de WikiLeaks15, pero influye también en la opinión pública.

Podríamos decir que mientras que la forma de proceder de WikiLeaks se ciñe –hasta cierto punto– a las reglas del juego, Anonymous lo hace al margen de ellas. Estas reglas hacen referencia tanto a las que están avaladas por la ley, como las que están aceptadas socialmente: en el caso de WikiLeaks nos encontramos, aunque con algunas rupturas, dentro del terreno de lo establecido, mientras que Anonymous traspasa ese límite. Julian Assange siempre se ha preocupado por seguir los cauces legales a la hora de sacar adelante la organización de WikiLeaks, tras quien se encuentra The Sunshine Press Productions desde 2010, garantizando de este modo su presencia legal. WikiLeaks no se encarga de sustraer la información que hace pública, o al menos no lo hace de forma abierta, y en ningún caso ha podido probarse que su actividad sea ilícita, lo que le permitió ganar el juicio contra VISA por el bloqueo económico. Ha colaborado con los grandes medios de comunicación haciéndose un nombre dentro del mundo del periodismo profesional, a pesar del poco apoyo que ha recibido con el tiempo de los que fueron sus compañeros durante esta etapa.

Sin embargo, y pese los esfuerzos de Assange por mantenerse dentro del marco de lo socialmente establecido, su labor ha sido lo suficientemente incómoda como para convertirse en el blanco de numerosas críticas que han hecho bastante daño tanto a su actividad, como ocurrió a raíz del bloqueo económico, como a su imagen. Esto ha dado lugar a una creciente desconfianza hacia la actividad de WikiLeaks dentro de la opinión pública, y con ella la imagen tanto de su fundador como de la propia organización, se han visto fuertemente resentidas. Las críticas sobre los informantes afganos muertos por las filtraciones de WikiLeaks, que nunca se probaron, o el escándalo de la violación de Assange a dos mujeres suecas, a quien los medios acusaron desde el principio y sin pruebas que lo avalasen, e incluso con pruebas que vendrían a defender lo contrario, son dos ejemplos de esta criminalización. También la teoría de la conspiración que ha rodeado a Julian Assange desde prácticamente los inicios de WikiLeaks, afirmando que esta es un proyecto de la CIA, ha ido restándole credibilidad ante los ojos de gran parte de sus seguidores, interesados en la actividad de WikiLeaks en tanto que proyecto de contraespionaje. Con todo, WikiLeaks ha conseguido mantenerse en pie, y lo más curioso es que ha sido gracias a otro tipo de acciones que juegan al margen de lo políticamente correcto y lo socialmente establecido, como es el caso de Anonymous. A diferencia de WikiLeaks, Anonymous no ha respetado las reglas del juego, y ha roto con ellas de forma abierta y deliberada.

Haciendo uso del anonimato, las personas que actúan o han actuado bajo ese seudónimo, se protegen tanto ante la ley como ante la opinión pública, dos marcos que ponen en cuestión. Pero la función del anonimato no acaba aquí: sirve a su vez para que el valor de todas sus acciones se sitúe por encima de cualquier autoridad que pudiera ejecutarlas. Quién está detrás de Anonymous es algo que no importa, y Anonymous como tal, como asociación, no existe, sino que es un medio a través del que diversas personas pueden llevar a cabo unas determinadas acciones en un momento dado. Con el paso del tiempo, podemos hablar de Anonymous como un conjunto de acciones y de ideas, e incluso podemos hablar de una determinada evolución, pero no podemos establecer que ha sido un grupo de gente, con una ideología y una intencionalidad conjunta, el que ha estado detrás de ello.

Los principios de los que parte Anonymous son muy básicos y dan cabida a múltiples formas de entender el mundo, siempre sobre la base del lulz16 y el conocimiento libre. En la obra Access to Knowledge as a Field of Activism de Gaëlle Krikorian y Amy Kapczynski se plantea el acceso al conocimiento como un movimiento integrador de los demás movimientos, como el «movimiento de los movimientos». Krikorian menciona que como en el diagrama de Venn, los movimientos encajan unos en otros y se superponen, cada uno con sus particularidades, siendo el acceso al conocimiento un denominador común a todos ellos, impidiendo que sus diferencias se conviertan en obstáculos. «El paraguas del acceso al conocimiento es lo suficientemente grande como para permitir una gran variedad de participantes, temas y acciones, además de permitir a la creatividad expresarse a través de distintos modos sin ser limitados por las estructuras jerárquicas que a menudo dificultan las organizaciones convencionales». Como el movimiento por el acceso al conocimiento, Anonymous es un concepto integrador en este sentido, y en muchas ocasiones puede ser un recurso útil para conseguir los fines que se persiguen alrededor de una idea. El lulz, por su parte, es lo que lo caracteriza, dándole una suerte de cuerpo ideológico propio, siendo el recurso que se utiliza para cuestionar las cosas tal y como son aceptadas socialmente. En este sentido, Anonymous es comparable a las caricaturas o a las situaciones construidas, encargadas de desviar nuestra atención de la lógica espectacular para tomar un cierto distanciamiento que haga posible una visión crítica de la realidad, pero dentro de la red y con el conocimiento libre como finalidad.

Sobre el concepto del conocimiento libre en Anonymous pueden hacerse diversas críticas, y de hecho se ha puesto en entredicho la defensa que hacen del mismo al utilizar métodos como las denegaciones de servicio, consideradas por muchos una medida que coarta la libertad. Sin entrar en valoraciones de este tipo, es esta defensa del conocimiento libre que propugna lo que lo asemeja a WikiLeaks, y lo que ha hecho que sus acciones confluyan en distintos momentos a lo largo del tiempo. Lo que diferencia a Anonymous de WikiLeaks es que no sigue unas pautas socialmente establecidas y que lleva a cabo acciones fuera del marco de la ley, e incluso en muchas ocasiones reprobables para la opinión pública, siempre al margen de las instituciones y los diferentes medios que suelen representarnos en la esfera pública central, con los que WikiLeaks ha trabajado mano a mano. Anonymous tiene además un conjunto de valores, aunque muy básicos, que son los que hacen que diferentes personas actúen bajo su seudónimo, donde interactúan y coordinan sus movimientos, con lo que podríamos hablar de una esfera pública periférica. Esta se caracteriza por un modelo horizontal e intermitente donde las diferencias son manifiestas y los debates no se mantienen necesariamente bajo la racionalidad y el consenso, lo que da lugar a operaciones17 tan dispares como llenar de porno YouTube o traducir los documentos expuestos por WikiLeaks. A pesar de no tener una representación en la esfera pública central o no utilizar los cauces establecidos para actuar en ella, incide en ella e interacciona de esta manera con lo que está establecido socialmente. Es un ejemplo de los muchos que se pueden poner de acciones que tienen lugar al margen de las organizaciones, y que influyen en ellas llegando incluso a modificarlas. No solamente son capaces de interceder en la esfera pública central sin intermediarios, sino que incluso los mismos intermediarios tienen que echar mano en diversas ocasiones de estas esferas públicas periféricas para entrar al debate de la esfera pública central, marcado de antemano por la periferia y que hoy tiene una mayor visibilidad gracias al desarrollo de internet y las nuevas tecnologías. Es el caso de las colaboraciones puntuales entre Anonymous y WikiLeaks.

Además de la ayuda de cualquier tipo que pueda haberse prestado a WikiLeaks para hacer frente al bloqueo económico o la criminalización a la que se ha visto sometida en más de una ocasión, y que sin duda ha ayudado a mantenerla en pie, hay que tener en cuenta el valor de las filtraciones y lo que esto supone: si no hay informantes, no hay WikiLeaks. WikiLeaks no podría existir si estos informantes no fuesen en cierto modo ajenos, informantes anónimos que le hacen llegar sus filtraciones sin que sea la propia organización la que tiene que cometer la ilegalidad de sustraer la información. Con esto no quiero decir que las filtraciones de WikiLeaks sean fruto de Anonymous, porque no siempre ha sido así, como ocurre con Chelsea Manning, quien filtró los diarios de guerra y Cablegate y quien permanece hoy en la cárcel, pero sí algunas de ellas, y sirve de ejemplo de cómo las propias instituciones pueden llegar a necesitar de estas esferas públicas periféricas para interceder en la esfera pública central en algunos casos. Mientras el periodismo saca grandes beneficios y recibe importantes premios por hacerse eco de unas filtraciones que modifican la forma en que entendemos el mundo, todo un mundo que hace eso posible permanece trabajando en la sombra.

Hacia un posible empoderamiento

Primero de todo es necesario aclarar qué entendemos por empoderamiento, ya que podríamos estar hablando de empoderarnos dentro del marco de lo establecido o al margen de este. El diccionario de la Real Academia Española va a incorporar para su vigésima tercera edición una segunda acepción del término “empoderar” que dice: «hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido». Es un término que en los últimos años ha empezado a utilizarse cada vez más, relacionado en numerosas ocasiones con el desarrollo de las nuevas tecnologías o también en movimientos sociales como “Stop Desahucios”. Por “empoderar” se entiende un aumento en la autonomía de una persona o grupo, con el que ganar cierta libertad e independencia en la medida en que se deja de depender de un mediador.

Es cierto que con el desarrollo de internet y las nuevas tecnologías, las esferas públicas periféricas han ganado facilidades para interceder en la esfera pública central sin necesidad de una organización que les represente en ese ámbito, y que en este sentido podríamos estar hablando de un empoderamiento. Las personas que, por ejemplo, han llenado páginas de prensa digital, a raíz de un ataque de denegación de servicio o de una filtración a través de la red utilizando el seudónimo de Anonymous, por los numerosos comentarios que ha generado en diferentes lugares del ciberespacio al respecto, como puede ocurrir con alguien que comenta la vivencia en primera persona de un suceso, en principio sin importancia, a través de Twitter que acaba convirtiéndose en trending topic y pasando luego a portada de los grandes medios de comunicación, se han visto empoderadas. En estos casos son los propios individuos o grupos de personas los que, haciendo uso de unas determinadas herramientas, han conseguido penetrar directamente en la opinión pública, lo que en ocasiones conlleva introducir el tema en la esfera pública central donde pasa a interaccionarse sobre el mismo.

Al inicio de este trabajo introducía la pregunta sobre si cabe la posibilidad de que nos encontremos ante un empoderamiento ciudadano en el ámbito del periodismo a raíz de la publicación de la base de datos en bruto de Cablegate por parte de WikiLeaks. Con esta filtración, el que quiera puede acceder de forma directa a los datos que conforman las noticias de los medios de comunicación sin tener que pasar necesariamente por ellos, donde han sido previamente procesados respondiendo a unos determinados filtros en función de los intereses del momento (de la opinión pública) y de sus accionistas. La barrera de censura se traslada de este modo al propio individuo, quien es el encargado en este caso de decidir qué es lo que le interesa y lo que no, y quien ahora puede procesar autónomamente los documentos. Sin ser un profesional de la información, puede analizar y publicar a raíz de unos datos a los que generalmente no tiene acceso, produciendo sus noticias. Esto no quiere decir que la información final vaya a ser mejor o peor, quiere decir que existe la posibilidad de trabajar con las propias manos el material en bruto que hasta ahora trabajaban otros por nosotros. Es una forma de no relegar responsabilidades, pero también hay que tener en cuenta que el conocimiento de cada individuo juega un rol importante en esto.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que, como comentaba, el desarrollo de internet no garantiza el libre acceso, y que como ocurre en el plano físico, hay una serie de presiones presentes que determinan lo que realmente podemos hacer. En este sentido no vamos a poder, en principio, proceder libremente. Como solución a esto, los cypherpunks ofrecen la criptografía como medio para garantizar lo que Assange citó como «privacidad para el débil, transparencia para el poderoso». Mediante la criptografía podemos generar espacios seguros, entendiendo en este caso por seguros “libres” de presiones externas.

La libertad total es un concepto ideal, pero podemos acercarnos más o menos a esa libertad, y de este modo ganar o no más autonomía, que se traduce en un mayor empoderamiento. Con la publicación de los datos en bruto de Cablegate podemos efectivamente trabajar por nosotros mismos una información que de otro modo nos llega censurada o manipulada, es un ejemplo de las posibilidades que se abren ante nosotros con el desarrollo de las nuevas tecnologías, muchas de ellas todavía por explorar. Tenemos mecanismos que nos permiten jugar un papel que antes sólo podíamos observar, convirtiéndonos en protagonistas y sacándonos del rol de espectadores. Tenemos la posibilidad de procesar la información por nosotros mismos, con nuestras propias manos, y sacar unas conclusiones propias a partir de ello. Con el desarrollo de la criptografía, además, podemos asegurarnos de llevar esto a cabo en un espacio libre de presiones exteriores que acaben interfiriendo en nuestro trabajo. Siempre quedarán otras trabas, pero estas no restan los obstáculos que vamos venciendo. Sin embargo, hay un punto esencial en todo este proceso y es la educación tecnológica.

Para poder acceder a los datos en bruto de Cablegate, y sobre todo, para poder procesarlos a nuestra manera y no en función de un diseño predeterminado, es necesario que tengamos unos mínimos conocimientos tecnológicos. Si además queremos hacer uso de la criptografía para asegurarnos una determinada protección, con más razón. Cada día que pasa utilizamos más las nuevas tecnologías que tenemos a nuestra disposición, y o tenemos conocimiento de su funcionamiento para que nos sea útil a nuestros fines, o responderá a los fines de quienes las controlen. Julian Assange termina la conversación entre sus compañeros cypherpunks afirmando:

De modo que creo que las únicas personas capaces de conservar la libertad que teníamos, digamos, hace veinte años –pues la vigilancia ya ha eliminado unas cuantas, aunque todavía no nos hayamos enterado–, son aquellas que posean una gran formación en los entresijos de este sistema. Sólo una élite rebelde y altamente tecnificada podrá ser libre, estas ratas listas que corretean por el teatro de la ópera.18

1PLAZA, M. WikiLeaks. La era de los soplones. Atanor Ediciones, Madrid, 2011, p. 70.

2Aunque suelen hablar de 9 meses de diferencia entre la primera publicación sobre los documentos de Cablegate y la filtración de toda su base de datos en bruto, la verdad es que fueron 10: desde el 1 de noviembre hasta el 31 de agosto, lo que incluye ambos meses por entero.

3PAPACHARISSI, Z. (2009). “The virtual Sphere 2.0: The Internet, the Public Sphere and beyond”, en Chadwick, A. y Howard, P. (Eds.) Handbook of Internet Politics.

4WINNER, L. The whale and the reactor: a search for limits in age of high technology. Chicago, University of Chicago Press, 1986, pp. 19 – 39.

5ASSANGE, J; APPELBAUM, J; MÜLLER-MAGUHN, A; ZIMMERMANN, J. Chypherpunks. Deusto, Barcelona, 2013, p. 19.

6LESSIG, L. El Código. Traficantes de Sueños, Madrid, 2009, p. 186.

7ASSANGE, J., APPELBAUM, J., MÜLLER-MAGUHN, A., ZIMMERMANN, J. Op. cit., p. 98.

8SAMPEDRO, V. El cuarto poder en red. Icaria, Barcelona, 2014 (próxima publicación).

9Íbid.

10Íbid.

11Íbid.

12LESSIG, L. Op., cit., p. 389.

13STILGOE, J; IRWIN, J; JONES, K (2006). The Received Wisdom. Opening up expert advice, London: Demos. p. 21.

14KUZNETSOV, S; PAULOS, E. “Rise of the Expert Amateur: DIY Projects, Communities, and Cultures”, Proceedings: NordiCHI 2010, October, 16 – 20, 2010. p. 16.

15COLEMAN, G. Anonymous and the Politics of Leaking. In Beyond WikiLeaks: Implications for the Future of Communications, Journalism & Society. Brevini, B., Hintz, A., and McCurdy, P., eds., Basingstoke, UK: Palgrave Macmillan, 2013, p. 209.

16Perversión de la expresión LOL, “reírse en voz alta” en inglés (“Lots of Laughs”).

17Nombre que suelen dar a las distintas acciones que llevan a cabo como guiño a procedimiento policial.

18ASSANGE, J., APPELBAUM, J., MÜLLER-MAGUHN, A., ZIMMERMANN, J. Op. cit., p. 168.

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