Grupos sociales alrededor de WikiLeaks

Siguiendo un poco con el hilo anterior, sería necesario analizar más a fondo las figuras del hacker y el periodista en el entorno de WikiLeaks junto con la del público, otro grupo social relevante que todavía no había mencionado. Esta organización mediática y sin ánimo de lucro, como ella misma se define, va dirigida a un sector de la población que comparte una ideología determinada basada en el principios, hoy considerado democrático (habría que analizar este punto más a fondo), de «transparencia». Desde el punto de vista de WikiLeaks, la transparencia genera una sociedad mejor para todo el mundo reduciendo la corrupción y fortaleciendo las instituciones democráticas, incluyendo los gobiernos, las empresas y otras organizaciones, y un periodismo saludable, dinámico e inquisitivo juega un rol principal en la consecución de estos objetivos1. De esto podemos concluir, a groso modo, que por una parte, el público de WikiLeaks está interesado en alcanzar una mayor democratización de las instituciones y que, por otro, estiman que la información es uno de los pilares fundamentales para alcanzar esta meta.

Teniendo en cuenta el modo en el que opera la organización –basada la mayor parte de su información, si no toda, en filtraciones–, casi podríamos inferir que este público considera, junto con Julian Assange, que la información ha de ser adquirida a cualquier precio como se ha dicho en muchas ocasiones, pero es necesario que maticemos. En primer lugar, aunque hay quienes alegan que el periodismo de WikiLeaks está basado en el robo de datos, lo cierto es que está basado en la copia de los mismos, que es algo distinto: los datos originales no son dañados ni trasladados, por lo que siguen accesibles para aquellas personas que los guardaban. En segundo lugar, hay quienes aseguran que hay determinada información que debe permanecer oculta por motivos de seguridad nacional porque de hacerse pública podría ayudar al enemigo, pero no hay pruebas que avalen esta afirmación. Este punto es controvertido porque todavía hoy no se ha podido demostrar que las filtraciones de WikiLeaks hayan ayudado a los enemigos de Estados Unidos como ellos mismos han asegurado. No se puede negar que el precio de la obtención de esta información es alto –y las detenciones de Chelsea Manning y Jeremy Hammond lo demuestran–, pero estaría por ver para quién.

Si nos situamos en un plano democrático a favor de los derechos y libertades ciudadanos, tenemos que aceptar que las filtraciones de WikiLeaks no han afectado de manera negativa a sus objetivos, a quienes copian la información sobre asuntos que quieren mantener en secreto y luego la difunden, sino a los hackers que la han adquirido y que hoy siguen en prisión. Desde este punto de vista, el modo en que los gobiernos se han visto afectados es positivo porque ha permitido conocer mejor la forma en que operan, permitiendo de este modo ejercer presión en ámbitos concretos con el fin de aplicar algunos cambios. En España, por ejemplo, las filtraciones revelaron que los Estados Unidos, a través de su embajada en España y con la colaboración de la por entonces vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, junto con los ministros López Aguilar de Justicia, y Moratinos de Asuntos Exteriores, del fiscal general del Estado Conde-Pumpido y el fiscal jefe de la Audiencia Nacional Javier Zaragoza, habían intercedido en el sistema judicial para archivar el caso contra los tres militares estadounidenses implicados en el asesinato del cámara de Tele 5 José Couso en Irak que llevaba el juez Pedraz2. Y estas durísimas revelaciones han sido las que han permitido que hoy este caso siga abierto.

Este mismo plano que nos permite trazar una línea sobre el grupo social en que consiste el público de WikiLeaks, nos permite trazar otra sobre el papel que los hackers y los periodistas desempeñan para la organización y la sociedad. El hacker es visto como el que se arriesga como individuo para alcanzar unos fines democráticos para la sociedad, mientras que el periodista, muchas veces también hacker, es el ciudadano con el deber moral de publicar toda la información privada que llega a sus manos para ayudar a que el sistema en el que vive gane en salud democrática. Además, los datos que publica WikiLeaks son íntegros, es decir, que ofrece la materia prima en lugar de hacer una narración explicativa como acostumbran a hacer los medios tradicionales, aunque en muchas ocasiones también la acompaña. Esto provoca una ruptura o una evolución en el periodismo, generada en gran medida por las nuevas tecnologías y el acceso cada vez mayor a Internet, espacio en el que se encuentran expuestas las filtraciones de WikiLeaks por su libre acceso relacionado con los principios morales de la organización. El problema de todo esto es que requiere una infraestructura muy grande. Entre otras cosas, se necesitan servidores para alojar la información, técnicos especializados que garanticen el anonimato y una gran cantidad de periodistas o voluntarios dedicados a administrar todo este material.

En el pasado, Julian Assange trató de que WikiLeaks siguiese el modelo de Wikipedia, pero no funcionó. Aquí sería interesante preguntarse por qué, ya que el mismo funcionamiento como enciclopedia ha gozado de gran éxito, e indagar en las variables que juegan a favor y en contra de este modelo en el ámbito de las filtraciones, algo que dejo abierto para un futuro cercano. Cuando recibió la filtración de los diarios de guerra de Afganistán e Irak (Cablegate) se vio desbordado, y alcanzó un pacto con tres de los grandes medios de comunicación –The New York Times, The Guardian y Der Spiegel– para coordinar las publicaciones: a la misma hora del 25 de julio de 2010, los tres medios hicieron su primera publicación sobre Afganistán. En aquella ocasión se vivió una hibridación entre dos tipos diferentes de periodismo, algo que acabó con no pocas disputas. Por una parte, cada medio quería tener los derechos exclusivos sobre las historias, y por otra, estaba el tema de los nombres propios: aparecían numerosos ciudadanos afganos como informantes de los Estados Unidos, algo que las tres publicaciones acordaron eliminar para evitar el riesgo de convertirles en objetivo de los talibanes, pero que WikiLeaks no hizo3. A partir de aquí, WikiLeaks fue objeto de unas feroces críticas que afectaron a su alianza con los tres medios, y que se vio acrecentada cuando conocieron que Assange había ofrecido aquel material a terceros, como Al-Jazeera4.

Los documentos a analizar, y ahora también a editar para eliminar los nombres de personas que pudiesen sufrir represalias, eran tantos, que Julian Assange fue abriendo su círculo de colaboradores. Los 400.000 documentos militares sobre Irak fueron entregados, entre otros, a The Bureau of Investigative Journalism, donde 25 personas se dedicaron a analizar minuciosamente el material brindado por Assange del que también publicarían documentales propios5, y se llegaron a acuerdos con otros muchos medios tradicionales como fue el caso en España de El País.

¿Cuáles son las diferencias más relevantes entre este nuevo tipo de periodismo y el tradicional? ¿Por qué colaboró WikiLeaks con estos medios teniendo en cuenta que partían de unos principios diferentes? Las diferencias más claras han quedado en parte dibujadas: los primeros tienen unos intereses sobre derechos de autor para exigir exclusividad que WikiLeaks no comparte, además de que operan de un modo diferente narrando la información a su manera, en muchos casos obedeciendo a intereses de terceros como accionistas, y no publicándola en bruto. Por otra parte, la finalidad de esta colaboración respondía según Assange a una necesidad de dar a conocer esta información a todo el mundo, mucho más relevante que cualquier diferencia. Sin embargo, este pacto también respondía a intereses basados en el principio win-win6: WikiLeaks ganaba publicidad y los medios de comunicación una historia exclusiva.

Estaría por ver si al final son mayores las ventajas o las desventajas en un pacto como este, pero lo que se ve claro es que muchas acciones tomadas por WikiLeaks responden a una necesidad de publicidad –ya sea por interés o por realizar la buena obra desinteresada de informar–, en la mayor parte de los casos condicionada por los medios tecnológicos a su alcance. Este problema ha hecho también que desarrolle una tecnología cada vez más potente para su página web y las filtraciones que ha de almacenar, que requieren de unos servidores potentes y una seguridad muy alta para que sus poderosos detractores no tiren abajo toda la empresa.

2CEBERIO BELAZA, Mónica: «Los ministros españoles trabajan para que no prosperen las órdenes de detención», El País, 20 de noviembre de 2011. http://www.elpais.com/articulo/espana/ministros/espanoles/trabajan/prosperen/ordenes/detencion/elpepuesp/20101130elpepunac_35/Tes.

3WikiLeaks publicaba las filtraciones en bruto al mismo tiempo que The New York Times, The Guardian y Der Spiegel sacaban la primera historia basada en estas. Aunque rescataron unos cuantos miles de documentos que consideraron más arriesgados, otros setenta y siete mil fueron expuestos tal y como les habían llegado a ellos.

4PLAZA, Mónica. WikiLeaks. La era de los soplones. Atanor Ediciones, Madrid, 2011, pp. 154 – 159.

5luchodelabasto (seudónimo). «WikiRebels – El documental de WikiLeaks», YouTube, 27 de diciembre de 2010. http://youtu.be/DikiLizFjAU. Minutos 36:01 – 44:35.

6Estrategia de resolución de conflictos que supuestamente logra contentar a todos los participantes.

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