Resistencia en la Puerta del Sol contra las apariencias navideñas

Pasarte el día entero en la calle, como es natural, te acaba afectando. Ya no hace calor, y al ser una época otoñal los cambios de temperatura entre que sale el sol y se pone son drásticos. Y luego depende de cada persona.

El domingo, al volver de pasar mi tercer día de ayuno solidario con los chicos en huelga de hambre en la Puerta del Sol, me sentía más cansada que de costumbre, y naturalmente lo interpreté como el cansancio fruto de una jornada que fue además bastante animada. Pero el lunes tenía fiebre y me costaba levantarme de la cama… al final me resfrié, o pillé una extraña gripe, a saber. Pero el martes tenía que ir a clase, y cuando me decidía a volver a casa para meterme en la cama, vi el mensaje en Twitter: necesitaban apoyo en Sol porque les querían sacar (otra vez) del lugar donde se encontraban. Y me acordé del domingo y la disputa con el cartel… Sabía que se estaban poniendo en juego unos de los momentos más determinantes de esta lucha, los que finalmente trascenderán a los medios y tocarán la conciencia de diversas personas alrededor del país, además de las relaciones de poder entre la policía y el ayuntamiento de Madrid y esta protesta. En la calle Atocha vacilé por unos instantes, y mis pasos finalmente se volvieron hacia Sol.


Cuando llegué allí me encontré con un espectáculo de lo más desagradable, extremadamente insensible: a la izquierda de la estatua del caballo de Carlos III, una alformbra roja, gente vestida de gala, un bombo de la lotería, cámaras de televisión; a la derecha, y tras una verja, carteles, máscaras de Anonymous, chicos que llevan un mes sin llevarse un bocado a la boca, personas. Rápidamente pregunté qué había ocurrido, y me dijeron que la policía les había dicho que se tendrían que quitar de allí, el último lado de la estatua que les quedaba por ocupar tras haberles hecho dar toda la vuelta con el paso de los días con la construcción del estúpido árbol de navidad. Les dijeron que si no se iban ellos, les tendrían que desalojar por la fuerza. Que si no acataban, les multarían. Todo sea por aparentar que estas van a ser unas felices navidades, olvidando todas esas personas que seguirán siendo desahuciadas, que hoy ya están en la calle, que hoy ya no están entre nosotros porque no pudieron soportarlo más. Olvidando a todos nuestros conciudadanos, a nuestro pueblo, a nuestra gente.

No fue un acto de confrontación, fue un grito desesperado. Todo ese lujo a un lado, escondiendo la miseria tras aquella valla, era dolorosamente simbólico. Los nuevos miserables serán españoles. La festividad para la inauguración del árbol navideño con decoración de bolas de la lotería empezó, y transcurrió en su lado de la plaza, con la miseria escondida y apartada. Sin embargo, los gritos y los cánticos, se sobrepusieron a sus violines y violonchelos. “Vergüenza” fue la palabra más repetida, y sonaba con fuerza al unísono en la Puerta del Sol mientras los extras pagados por el ayuntamiento sonreían sacando sus bolas de la lotería y se fotografiaban sonrientes. También “Feliz navidad, desahuciamos sin piedad”. “¡El pueblo pasa hambre!”, “¡Ladrones!”, eran gritos que se iban superponiendo a las consignas generales. El cántico de todo un grupo de personas unidas, subidas a las vallas con pancartas, sujetándose con esa fuerza que surge una vez que se han perdido todas las fuerzas pero hay que dar un paso más allá, rodeados por antidisturbios, entonó alto y claro el himno de los mineros, el himno de una lucha que vuelve a ser de clases: de los políticos, la banca y las grandes corporaciones contra los ciudadanos de a pie.

No hubo desalojo. No hubo (por el momento y que yo sepa) multa. Y no la habrá. Un policía contrastaba las órdenes por una radio que le respondía que de ningún modo podían desalojar ya que aquello acabaría con la imagen del ayuntamiento de Madrid.

Ya no somos jóvenes entusiastas sacando a miles de personas a la calle con el convencimiento de que sí se puede. Son muchas personas que sobreviven con 400 euros, a veces con 200, para ellos y toda su familia. Son personas sacadas de sus casas y condenadas a pagar una hipoteca mientras pasan el resto de su vida bajo un puente. Son niños pequeños que no pueden ser alimentados, personas mayores que trabajaron toda su vida para que les robasen al final de esta todo el trabajo (todo el capital acumulado a base de trabajo) que no les robaron ya. Es miseria en una moneda de dos caras donde en la otra, salen sonrientes e impunes quienes roban, amontonan y sacan el dinero que otros hemos producido.

“¡Para qué juegas a la lotería, si le va a tocar a Fabra!”

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Brother Maximvs
    Nov 15, 2013 @ 22:52:41

    Un artículo genial, descarnado, duro. Como la vida misma.

    Es lamentable la postura del Ayuntamiento de Madrid, aunque no es desde luego, sorprendente. Cuando el partido que gobierna escupe felizmente mentiras tales como que ‘gracias a Rajoy no han habido recortes en las pensiones, el funcionariado, la educación o la sanidad(1)’ se puede uno esperar cualquier cosa, y nada bueno. No entienden la realidad, viven apartados de ella, la ven con los ojos de un heroinómano. Y nos toman por imbéciles. Lo que no tienen en cuenta es que los desesperados no tienen nada que perder.

    Nota (1): Carlos Floriano dixit a fecha de 15/11/13.

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  2. logicasimulada
    Nov 16, 2013 @ 15:36:45

    Me alegra que te guste. Intenté trasladar mis sensaciones más personales y menos objetivas con el fin de que se comprendan las esperanzas y las convicciones de quienes llevan más de un mes sin probar bocado en la Puerta del Sol como método desesperado, por un lado de llamar la atención, y por otro, de transladar el sentimiento de la necesidad de pasar a la acción de forma colectiva al resto de la ciudadanía.
    Hay quienes dicen que se están haciendo cosas, “que estamos avanzando”, pero la realidad es que mientras unos reflexionan, a otros les arrebatan sus derechos mientras se les condena públicamente por pobres, y en ocasiones son empujados al suicidio. Hay gente pasando hambre, y los que viven del Estado no son precisamente esos parados o estudiantes becados que pagan sus impuestos con cada compra y trabajo basura que realizan, son los gobernantes y los grandes empresarios que hacen las leyes a su medida y cuyos impuestos no se han visto incrementados en lo más mínimo en estos momentos de “austeridad”.

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  3. Brother Maximvs
    Nov 18, 2013 @ 18:07:54

    La austeridad es para nosotros, no para ellos.

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