De Mohamed Bouazizi a la caída del último faraón

El 17 de diciembre de 2010 un desgraciado suceso marcó el punto de inflexión de la población tunecina. Un joven de 26 años llamado Mohamed Bouazizi tomó la determinación de inmolarse ante un edificio gubernamental en la pequeña ciudad de Sidi Buzid donde se prendió fuego tras ser vejado por la policía local, quien requisaba su puesto de frutas ambulante y única fuente de ingresos por última vez, debido a su negativa de pagar el requerido soborno para evitarlo. Esta noticia, que pasó desapercibida en nuestros medios de comunicación, desencadenó una revolución que acabaría con la huida del dictador Ben Alí, y serviría de ejemplo y esperanza para muchas de las revoluciones que se sucedieron poco tiempo después en un gran número de países vecinos y algo más lejanos.

El hecho de que Mohamed Bouazizi se prendiese fuego no fue la razón por la que los tunecinos salieron a la calle decididos a dar fin a la dictadura de Ben Alí, sino una serie de hechos ocurridos a lo largo de los años de los que cada vez se tenía mayor constancia. Los continuados atropellos del régimen que se llevaban viviendo desde hacía más de dos décadas habían provocado otros levantamientos en el pasado, pero sin mayor trascendencia. Sin embargo, en los últimos años, un creciente uso de nuevas herramientas como Internet y la telefonía móvil había allanado el terreno para establecer un espacio primero de conexión, y luego de deliberación, sobre el funcionamiento de la sociedad tunecina, y permitió que la tarde del día en que Bouazizi se inmoló, su primo pudiese grabar y compartir públicamente a través de Internet la protesta que protagonizaron otros jóvenes que habían sufrido unas humillaciones semejantes. A esto hay que sumarle la cobertura que Al Jazeera ofreció de la revolución tunecina –y más adelante también de las revoluciones de los países vecinos– generando junto con los demás elementos unas redes de confianza a través de la que los tunecinos aunaron fuerzas: «la conexión entre la comunicación libre en Facebook, YouTube y Twitter y la ocupación del espacio urbano creó un espacio público híbrido de libertad que se convirtió en la principal característica de la rebelión tunecina, presagio de futuros movimientos en otros países»1. Sin Internet esas mismas protestas hubiesen podido surgir, pero difícilmente hubiesen podido mantener la cohesión necesaria para insistir después de cada represalia. Tampoco hubiese servido de nada la Red si no se hubiese traducido y mezclado con otros lazos urbanos como los de algunos trabajadores, vecinos, clubes de fútbol o simplemente los existentes entre familiares y amigos: fue todo un enjambre el que permitió que aquella revolución se hiciese realidad, y obviar cualquiera de sus factores sería faltarle a la realidad. Los lazos que tienden a generarse en el espacio urbano son localizados y especializados: la huelga de los trabajadores de una fábrica, o de un sector, o las manifestaciones de estudiantes; la Red lo que ha permitido es que estas demandas abarquen una proporción mayor de la población y que no se agoten en un espacio localizado. No lo facilita solo por su capacidad de difusión de un mensaje cualquiera, sino por el nuevo espacio público que permite que miles de personas de distintos lugares, intereses y edades se conecten e intercambien no solamente información, sino también esperanzas, denuncias e intereses, y puedan deliberar sobre cualquier cosa que se le ocurra a una persona y exponga ante las demás. Después, además, sirvió de espacio desde el que poder coordinar las distintas acciones llevadas a cabo en la ciudad, y denunciar los distintos abusos sufridos en ellas tanto ante los propios ciudadanos como ante el exterior.

A través de Internet pueden vencerse muchas de las barreras informativas a las que estamos sometidos con los medios tradicionales, y manipular lo que está aconteciendo se vuelve una tarea mucho más complicada cuando los reporteros no son aquellas personas contratadas para desempeñar el trabajo de periodistas, sino que son los propios ciudadanos contando a pie de calle lo que están viviendo. Por motivos publicitarios una gran empresa siempre va a abarcar a un público mucho más amplio que el que pueda conseguir un particular mediante un blog, por ejemplo, pero en el momento en que existe un lugar en el que se puede expresar una opinión libremente, sin pasar por ningún filtro ideológico, surge inevitablemente la posibilidad de cuestionar el discurso de poder. Naturalmente, el discurso dominante recurrirá a todos los medios a su alcance, que no son pocos, para prevalecer, y en la medida en que sea consecuente y no pierda credibilidad mantendrá con total seguridad su puesto privilegiado: a través de Internet una idea puede llegar, con la inversión correspondiente, a una porción de de la población mundial imposible de abarcar por otras vías. Pero no solo cuenta el mensaje que se emite a través de un trending topic, un doodle o una insistente publicidad en Facebook, es muy importante la noción de espacio y de red a la hora de hablar de Internet. Lo novedoso es precisamente este lugar en común que compartimos alrededor del mundo donde se nos abre la posibilidad de mostrar e intercambiar conocimientos y experiencias de todo tipo poniendo de manifiesto las contradicciones del poder. El discurso oficial seguirá presente, incluso su figura será más notable que nunca, pero convivirá con un gran número de discursos alternativos disponibles de forma abierta para quien quiera. Esto es lo que ha permitido que numerosas revoluciones hayan estallado en un periodo realmente corto de tiempo en lugares de todo el globo, ya que muchas de las deliberaciones que se llevaron a cabo inmediatamente antes de la revolución tunecina sirvieran al mismo tiempo a ciudadanos de otras partes del mundo. Internet no es una sustitución del espacio físico, es una extensión de este. La revolución egipcia estaba inspirada en la tunecina, la española en la tunecina y la egipcia, además de la islandesa, y la estadounidense en todas las anteriores. El discurso que se iba usando en unas, iba siendo asimilado, cuestionado y modificado para aproximarse a la realidad de las otras, generando una conciencia colectiva que ha superado las fronteras de las diferentes sociedades. Cierto es que existe un conjunto de creencias en la sociedad tunecina que no es compartido por la sociedad española, pero a raíz de la globalización se ha generado otro tipo de asimilación del mundo que nos rodea que supera las fronteras geopolíticas y que parece basarse en el descrédito hacia las clases gobernantes. No quiero decir que no existan otros puntos comunes , pero sí quiero resaltar que este es el que podemos ver con facilidad en estos momentos, y es el que subyace a todo un conjunto de revoluciones que parecen tener, a pesar de sus diferencias, unos elementos comunes clave entre los que las nuevas tecnologías desempeñan un rol fundamental.

La revolución tunecina no llegó a los medios españoles tradicionales hasta la huida de Ben Alí del país, pero sí que llegó a la sociedad española a través de la Red. Muchos estábamos pendientes de los acontecimientos que se sucedían en Túnez a lo largo del mes de enero de 2011 cuando los medios de comunicación acogieron la noticia del abandono del dictador casi como un hecho anecdótico. En lugar de explicar lo que había sucedido, los medios se limitaban a informar sobre los españoles que se encontraban allí y su posible evacuación, y los que trataban de explicar los motivos de este cambio de rumbo, lo hacían a través de los testimonios que los manifestantes habían hacho públicos a través de Internet. ¿Por qué un final que para muchos era tan evidente pilló desprevenidos a los grandes medios de comunicación?

Cuando estallaron las revueltas en Egipto los distintos medios tradicionales trataron de dar la exclusiva de cualquier suceso adelantándose al conocimiento de muchos de los internautas que seguían las protestas a través de los manifestantes que se encontraban a pie de calle, pero sus medios para mantenerse informados eran exactamente los mismos. El 25 de enero de 2011 muchos pasamos el día pendientes de los acontecimientos que tenían lugar en las principales ciudades egipcias y que estábamos viviendo a tiempo real gracias a Twitter, donde los propios manifestantes informaban de sus movimientos y aportaban numerosos recursos audiovisuales. No solo asistíamos a los sucesos, sino también a los pensamientos de quienes los estaban llevando a cabo: podíamos entender los motivos más particulares, más humanos, sin agotar la información en las causas más generalizadas. Los grandes medios no tardaron en incorporar continuas actualizaciones de los sucesos, que podían seguirse a través de sus páginas web en un cronograma donde cada escasos minutos aparecía el último acontecimiento junto a la hora a la que había tenido lugar, pero nada podía competir con «#Jan25»:el hashtag de Twitter recogía no sólo los pasos de las distintas protestas en Egipto desde el que los medios tomaban la información, sino que además transmitía los sentimientos de frustración y triunfo con los que la población egipcia avanzaba. La caída de un dictador puede alentar la lucha en otro país con un contexto social similar, pero el contagio de las emociones que van unidas a dicho acontecimiento tiene un poder mucho mayor a la hora de movilizar a la población para perseguir el mismo fin:

 

Pero el big bang de un movimiento social empieza con la transformación de la emoción en acción. Según la teoría de la inteligencia afectiva, las emociones más importantes para la movilización social y el comportamiento político son el miedo (una emoción negativa) y el entusiasmo (una emoción positiva). Las emociones positivas y negativas se relacionan con dos sistemas de motivación básicos resultado de la evolución humana: aproximación y evitación. El sistema de aproximación está relacionado con el comportamiento de búsqueda de objetivos que dirige al individuo a experiencias satisfactorias. Los individuos se muestran entusiasmados cuando se movilizan por un objetivo que les importa. Ésta es la razón por la que el entusiasmo está directamente relacionado con otra emoción positiva: la esperanza. La esperanza proyecta el comportamiento hacia el futuro. Como una de las características diferenciadoras de la mente humana es la capacidad para imaginar el futuro, la esperanza es un ingrediente fundamental para apoyar la acción de búsqueda de objetivos. No obstante, para que surja el entusiasmo y la esperanza, los individuos tienen que superar la emoción negativa resultado del sistema de la evitación: la ansiedad. La ansiedad es una respuesta a una amenaza externa sobre la que la persona amenazada no tiene control. Por lo tanto, la ansiedad lleva al miedo y tiene un efecto paralizante. La superación de la ansiedad en un comportamiento sociopolítico a menudo es resultado de otra emoción negativa: la ira. La ira aumenta con la percepción de una acción injusta y con la identificación del agente responsable de ella. Las investigaciones neurocientíficas han demostrado que la ira está asociada a un comportamiento que asume riesgos. Cuando el individuo supera el miedo, las emociones positivas se imponen a medida que le entusiasmo activa la acción y la esperanza anticipa la recompensa de la acción arriesgada. No obstante, para que se forme un movimiento social, la activación emocional de los individuos debe conectar con otros individuos. Para ello se requiere un proceso de comunicación de una experiencia individual a los demás. Para que un proceso de comunicación funcione, hay dos requisitos: la consonancia cognitiva entre emisores y receptores del mensaje y un canal de comunicación eficaz. La empatía en el proceso de comunicación está determinada por experiencias similares a las que motivaron el estallido emocional original. En concreto: si muchos individuos se sienten humillados, explotados, ignorados o mal representados, estarán dispuestos a transformar su ira en acción en cuanto superen el miedo2.

 

Esta tesis me parece indispensable para comprender lo que está aconteciendo en las actuales revueltas, como muchos dicen, a partir del uso de las nuevas tecnologías. Las razones se encuentran fuera, naturalmente, pero estas crean un nexo necesario para compartir la información y transmitir las emociones asociadas a los acontecimientos que van teniendo lugar en un sitio, y se van propagando rápidamente hacia otros muchos lugares.

El conocimiento de un hecho por sí solo no es suficiente para desencadenar un movimiento social. Saber que es posible derrocar a un régimen, por fuerte que este sea, no es algo nuevo, y la historia da cuenta de ello. Las personas tienen que querer hacerlo, necesitan unos motivos que les alienten a la acción, basados en gran parte en sus necesidades, pero especialmente en sus emociones –muchas de ellas surgidas precisamente a raíz de esas necesidades. Sin embargo, del mismo modo que hay emociones que invitan a la acción, hay otras que invitan a la no acción, y aquí el miedo tiene un peso considerable. El miedo funciona como un paralizante, y hasta que no tienen lugar otras emociones como el entusiasmo y la esperanza (contagiadas con sucesos como la salida de Ben Alí de Túnez, o la de Hosni Mubarak de Egipto) impide el germen de cualquier protesta social. Naturalmente, el entusiasmo sin razones tampoco es suficiente, y en Egipto existían numerosas causas para llevar a cabo una protesta a gran escala desde mucho antes de las protestas tunecinas que llevaron a Ben Alí a abandonar el país, pero faltaban las emociones colectivas necesarias para sacar a un gran número de gente a la calle y las manifestaciones que iban teniendo lugar no eran ni tan grandes, ni gozaban de la misma convicción. Como menciona Manuel Castells, la ira es el elemento que permite vencer el miedo paralizador, y esta se alimenta de las injusticias y la identificación de sus responsables: cuanto más concreto es el abuso, más aumenta la ira. Las protestas ya habían tenido lugar en Túnez en numerosas ocasiones antes de que Bouazizi se inmolase prendiéndose fuego, pero ese hecho concreto acabó de desatar la indignación. En Egipto, las protestas tenían lugar alentadas por el entusiasmo y la esperanza transmitida con la huida del dictador Ben Alí de Túnez tras un largo mes de sangrientas protestas, pero no alcanzó el punto de inflexión hasta que la represión se hizo demasiado evidente, y se sumaba a la censura de los principales medios utilizados para la comunicación por los egipcios. En ese momento, el elemento del miedo que mantiene al poder en su lugar privilegiado se rompe, y lo hace con una fuerza aun mayor si el sentimiento de triunfo y la visualidad del éxito se hacen patentes a través del reciente éxito de las protestas en Túnez.

Si un suceso fue especialmente relevante en la cohesión de las protestas a lo largo del país bañado por el Nilo, este fue precisamente el intento desesperado del gobierno de acallar una protesta que se estaba configurando a través de Internet desde donde el mundo entero estaba siguiendo prácticamente sin aliento el desenlace de los acontecimientos. Primero fue el bloqueo de Twitter con motivo del éxito del hashtag #25Jan que no solo estaba organizando los movimientos de la protesta sino que permitía a los egipcios mantenerse conectados con el resto del mundo para transmitir cada uno de los acontecimientos que estaban llevando a cabo. Lo que ese día tuvo lugar fue lo que en Internet se conoce como «efecto Streisand»: el boom mediático acaecido al tratar de ocultar o censurar determinados datos en un espacio en el que la información circula de forma abierta. El gobierno egipcio bloqueó la red social y provocó que toda la comunidad internauta prestase una atención especial a las protestas que sacudieron el país aquel martes. La cuenta de Comunicación de Twitter confirmó oficialmente dicho bloqueo, indicando que afectaba tanto a la web como a todas sus aplicaciones, y denunciaba la acción mencionando los beneficios de un intercambio abierto de información para conectar a los gobiernos con su gente.

twegip1

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Pero el gobierno de Egipto fue todavía más allá, y bloqueó los mensajes de texto y los servicios de mensajería de BlackBerry el 27 de enero. En los siguientes días, el acceso a Internet estaba prácticamente bloqueado. La respuesta por parte de la comunidad internauta no se hizo esperar: además de dar voz al movimiento que pretendía ser silenciado, se llevaron a cabo numerosas acciones para, por un lado, restablecer el acceso a toda la red en Egipto y, por otro, brindarles medios alternativos para poder acceder a los distintos sitios bloqueados. En relación a estas acciones, tuvo una especial repercusión la conocida como «Operación Egipto» impulsada por Anonymous.

En nombre de la libertad y la necesidad de la libre circulación de la información, Anonymous mandó un mensaje a los gobernantes de Egipto en el momento en que Twitter fue censurado. En un vídeo subido a YouTube el día 26 de enero de 2011, tras la jornada de protestas vividas el día anterior, se amenazaba al gobierno egipcio con inutilizar sus distintas webs gubernamentales y asegurarse de que los diversos medios internacionales viesen la realidad de lo que estaba aconteciendo3. Son numerosas las críticas que se le pueden hacer a un mensaje similar, desde la prepotencia con la que está redactado, situándose en el mismo plano de imposición que denuncian, hasta el dudoso impacto de las medidas que pretenden adoptar como represalias, pero lo cierto es que Anonymoustuvo una contribución real en el desenlace de los sucesos acaecidos en torno a la revolución egipcia. En ese mismo comunicado se lanzaba un mensaje al pueblo de Egipto donde se le hacía saber que no estaba solo, y que el mundo lucharía unido para acabar con la opresión: se mencionaba el hecho de que tras esa pantalla de anonimato utilizada para luchar contra las injusticias se encontraban «sus hermanos y hermanas, hijos e hijas, padres y amigos, sin importar edad, sexo, raza, religión, etnia o lugar de nacimiento»4.

Efectivamente, se echaron abajo numerosas páginas web gubernamentales, tanto en ese momento, como a lo largo de estos últimos años en que las protestas en Egipto no han cesado. Ahora bien, ¿qué efecto puede llegar a producir un ataque de denegación de servicio, método muy recurrido por Anonymous, impidiendo el acceso a unas determinadas páginas web? Es algo en lo que quiero entrar más adelante, sin embargo, como pequeña introducción, quiero resaltar la capacidad que tiene como rotura de la imagen de poder. Un estado, del mismo modo que una multinacional, trata de mantener un poderoso estatus tanto de puertas hacia dentro, como hacia fuera. El percibir las instituciones como autoridades forma parte del modo en que entendemos el mundo, y son estas mismas instituciones las que han sido objetivo de los ataques de Anonymous. Con qué fin personal lo lleva a cabo cada persona individual que colabora en dichas ofensivas es algo difícil de saber, pero se puede afirmar que es un modo de echar abajo esa imagen de supremacía y demostrar que no son tan fuertes como nos han dado a entender. En realidad, el acto en sí no dificulta las operaciones cotidianas de una nación, por ejemplo, ni la pone en un compromiso como puede suceder con el robo de datos, otra de las acciones que se han llevado a cabo bajo este nombre, pero daña la representación que de ella se tiene, el conjunto de lo que viene a significar. A mí me recuerda al efecto que producían las obras de George Grosz, que erosionaban la imagen que se tenía del nazismo, tan mimada por el partido Nacional Socialista. Cumple con el cometido propio de las caricaturas, que ridiculizan aquello que retratan. Y por otro lado, ese poder que resta a su objetivo, se lo suma el movimiento que ha llevado a término la acción. Lo que los manifestantes estaban llevando a cabo en la calle, los internautas lo estaban expresando en el ciberespacio, difundiendo una imagen que socavaba el poder del gobierno egipcio tanto ante su propia población como de cara al resto del mundo. Lo que estaban consiguiendo era que el pueblo egipcio perdiese el miedo, y este se trasladase a sus gobernantes.

Con el acceso a Internet capado, los manifestantes egipcios tuvieron que hacer uso de otras vías para hacer llegar sus mensajes al resto del mundo. Por ejemplo, gracias a una de las opciones de Twitter activada en Egipto entre otros países, podían enviar tuits a través de sus teléfonos móviles mediante SMS, pero la ayuda esencial venía en muchos de los manuales que se difundieron por toda la Red en los que Anonymous tuvo un verdadero protagonismo. En ellos se explicaba el uso básico de los servidores proxy, que sirven para ocultar las direcciones IP de los dispositivos que hacen peticiones a determinados sitios web, burlando de este modo el bloqueo al que las direcciones egipcias estaban sometidas, y especialmente de TOR (The Onion Router), que además de cumplir con la mencionada función del proxy, encripta el mensaje que viaje a través de él. Además, mediante Tor se abría otra posibilidad: la de brindar nuestra banda ancha sobrante a aquellos que más la necesitasen ejecutando un repetidor. Según los registros de la web de Tor, el número de egipcios que se conectaron a Internet a través de su servicio se incrementó hasta cinco veces tras restringir el acceso a Twitter.

 conections

El problema, sin embargo, llegó cuando el gobierno atajó el problema de raíz y ordenó a los principales proveedores de Internet que cerrasen las conexiones, desconectando a todos los que accedían a la Red a través de ellas y provocando una caída de hasta el 93% del tráfico de Internet.

 censura internet egipto

Como puede observarse en el segundo gráfico, el acceso a Internet a través de Tor a partir del 29 de enero fue nulo, coincidiendo con los días del gran apagón. Sin embargo, la incomunicación que perseguía el gobierno de Mubarak nunca se consiguió, ya que medios internacionales y especialmente Al Jazeera, continuaban dando cobertura a un movimiento que ya no había forma de silenciar. Al día siguiente, la señal de Al Jazeera se cortó, las oficinas de todo el país fueron cerradas, y las acreditaciones de todos sus corresponsales retiradas. Dan Nolan lo contaba así desde su cuenta de Twitter:

 nolan1

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Y efectivamente, se abrieron camino a través de las frecuencias que otras cadenas de televisión les ofrecieron, manteniendo de forma ininterrumpida imágenes y declaraciones de los ciudadanos de a pie decididos a terminar con el régimen de Hosni Mubarak. El mensaje era constante: en la calle, en la televisión, en Internet… la forma de percibir la realidad en Egipto ya había cambiado para siempre, y ante cada barrera se abría otro camino.

 

Empresas como la francesa NDF ofrecieron conexión gratuita a Internet a través de una llamada telefónica a un número de París. Ingenieros de Google y Twitter diseñaron un programa speak-to-tweet que convertía automáticamente en un tuit los mensajes de voz de un contestador al que se había llamado desde un teléfono fijo. El mensaje se enviaba entonces con el hashtag del estado del que procedía la llamada. Como las cuentas de Twitter en Egipto estaban bloqueadas, Twitter creó una nueva cuenta –@twitterglobalpr– dedicada al sistema speak-to-tweet en Egipto. Una organización internacional de hackers, Telecomix, desarrolló un programa que recuperaba automáticamente los mensajes de teléfono desde Egipto y los enviaba a todos los faxes del país. Muchos faxes se gestionaron desde las universidades, que se utilizaron frecuentemente como centros de comunicación. Desde los faxes de las universidades, los mensajes se distribuyeron a los lugares ocupados. Telecomix trabajó para recibir y descodificar mensajes de radioaficionados enviados en frecuencias recomendadas por grupos de activistas5.

 

La telefonía fija fue fundamental en este proceso, de la misma manera que lo fue la colaboración desinteresada de miles de voluntarios a lo largo y ancho del planeta. Mientras las protestas seguían su curso, y la información se abría paso sorteando las trabas con que se encontraba, la mala publicidad del régimen de Mubarak iba creciendo y su imagen continuaba erosionándose de forma progresiva.

 AnonymousIRC welcome back to the internet

AnonymousIRC Mubarak follow

La función de Internet en este proceso fue determinante, y especialmente la de las redes sociales. Ellas fueron las que hicieron que todo este movimiento fuese posible, las que prepararon el terreno generando redes de confianza mucho antes de que estallase la revolución. Mediante ellas se compartió información de una forma muy rápida y eficaz, y también emociones e intereses que se fueron incrementando con el estallido de la revolución tunecina. Además sirvieron para configurar las primeras protestas, creando una primitiva estrategia que sería muy valiosa con el paso de los días al compartir muchos activistas sus experiencias. Fueron las herramientas de la revolución, no la revolución en sí, pero su función fue mucho más allá de la mera retransmisión de los sucesos que acontecían en las calles. Se constituyeron como una vía más de acción, brindando a los ciudadanos una plaza de la Liberación virtual que del mismo modo que Tharir, contó con una feroz resistencia en el momento en que su ocupación peligró, convirtiéndose también en símbolo de la libertad que estaban determinados a conquistar. La imagen del gobierno Mubarak se quebró de tal manera que no dejó posibilidad alguna de reconstrucción: un nuevo imaginario social había pasado a ocupar los distintos niveles de la realidad. Finalmente, el 11 de febrero de ese mismo año, Hosni Mubarak se vio obligado a abandonar Egipto.

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1CASTELLS, Manuel. «Redes de indignación y esperanza».Alianza Editorial, Madrid, 2012. p. 40.

2Íbid. pp. 30 – 31.

3Anonymousworldwar3: «ANONYMOUS – OPERATION EGYPT – A Press Release», YouTube, 26 de enero de 2011. https://www.youtube.com/watch?v=RBa13MQv3Xo.

4Ibíd.

5CASTELLS, Manuel. «Redes de indignación y esperanza».Alianza Editorial, Madrid, 2012. p. 75.

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