Redes ciudadanas de confianza

Del mismo modo que cambian las narraciones, cambian las redes que tejemos para informarnos y compartir nuestras emociones. Este concepto de red no solamente lo tenemos que entender en relación al espacio cibernético: los círculos que trazamos siempre son en un sentido amplio en el que convergen múltiples modalidades. No podemos pretender que las personas que salen a la calle a protestar por unos motivos determinados son las que coincidían bajo un único evento de Facebook, por ejemplo. Me interesa mencionar esto porque muchas de las críticas que se realizan al desarrollo y creciente uso de las nuevas tecnologías se fundamenta en la base de que se generan unos enjambres que empiezan y terminan dentro de, por ejemplo, un determinado sitio web, cuando estamos viendo en el momento en que cualquier demanda surgida en el ciberespacio sale al entorno urbano, que va mucho más allá. Las personas han trazado una trama que pasa por distintos espacios para formar su modo de comprender la realidad, e Internet es uno de los más determinantes pero no el único. Por mucho que se convoque una protesta a través de la Red, difícilmente podría materializarse si los comentarios sobre ella no se trasladasen a las conversaciones de los ciudadanos con sus familiares, compañeros y amigos. Internet ha modificado nuestra imagen del mundo, ha cambiado las narraciones que se generan sobre la realidad y gran parte de nuestros usos, pero en un proceso que se retroalimenta. Seguimos consumiendo el contenido de los medios tradicionales, pero ahora conviven con un nuevo tipo de periodismo digital que va ganando fuerza cada día. Aunque estemos conectados a través de Internet, seguimos manteniendo relaciones sociales offline, por mucho que algunos quieran exagerar lanzando alarmantes afirmaciones sobre una creciente insociabilidad surgida de un uso excesivo de los nuevos medios: cualquier cosa en exceso tiene consecuencias negativas, pero no hay que generalizar. Nuestros círculos no se limitan a los que hemos generado por Internet, nuestras redes de confianza están formadas por un conjunto multimodal en el que convergen distintos tipos de informaciones y emociones. Si una parte de esta red se rompe, no nos quedamos incomunicados, sino que hacemos uso de las otras plataformas que están a nuestra disposición. Internet ha tenido un papel fundamental en las protestas que han sacudido ciudades alrededor del mundo entero a lo largo de 2011 en adelante, incluso en muchos casos con anterioridad, pero no ha sido hasta que las redes digitales se trasladaron al entorno urbano que se generaron los distintos movimientos de los que hoy tanto se habla.

Cualquier persona que haya pasado por el 15-M coincidirá en afirmar que existe un paralelismo notable entre la cultura libre ligada al mundo digital y las acampadas que ocuparon las principales plazas de toda España en mayo de 2011. Uno de los conceptos clave en las acampadas de los indignados ha sido el de «procomún» o «bien comunal» que se refiere al conjunto de vienes tanto físicos como abstractos pertenecientes a un grupo de personas, que en este caso era el conformado por los campamentos con pretensión de alargarse hasta la inclusión del conjunto de toda la sociedad. Cada individuo es poseedor de unos saberes, y si estos los pone al servicio de una comunidad, junto con los de los demás individuos, lo que hace es generar una red de conocimiento mucho más amplia, que permite ir más allá de las limitaciones particulares. En la Acampada Sol, como en todas las demás acampadas levantadas a lo largo del país, se crearon diversas comisiones integradas por individuos con distintos conocimientos que juntos conformaban uno mucho mayor. Así, por ejemplo, desde la comisión legal se generaban unos saberes y se llevaban a cabo unas acciones que no tenían lugar en la comisión de comunicación, que sin embargo aportaba otras cosas de las que crecía la legal. Y no solo a partir de las comisiones de una sola plaza surgía un bien comunal, sino a lo largo de todo el país, dado que cada comisión de cada área estaba conectada con las mismas comisiones del resto de ciudades, intercambiando continuamente conocimiento. Y no solo los saberes eran compartidos en el 15-M: en la comisión de alimentos, por ejemplo, cualquier ciudadano podía colaborar aportando productos comestibles para que comiesen todos aquellos que, lejos de sus casas, habían acampado para trabajar en el cambio social que perseguían. Muchas personas sin recursos, además, pudieron aprovecharse de esta iniciativa para alimentarse mientras duraron las ocupaciones. Pero no era solo comida lo que la gente aportaba materialmente a la acampada: toda su infraestructura era fruto de una colaboración desinteresada de los ciudadanos. Cualquier cosa que fuese necesaria llegado el momento era donada por los vecinos con solo solicitarlo mediante un tuit: desde la cuenta @acampadasol se fueron pidiendo determinados materiales como lonas, generadores, etc., que no tardaron ni una hora en aparecer. Si se necesitaban fotocopias, alguien con acceso a una fotocopiadora se ofrecía a hacerlas; si requerías un equipo de sonido, alguien que por su trabajo o sus aficiones lo tuviese a mano se lo brindaba a toda la acampada. Teléfonos, ordenadores, cargadores, mantas, mobiliario de cualquier tipo… todo era cedido y compartido en el espacio público de las principales plazas de nuestras ciudades donde la propiedad privada había sido superada.

Muchos han afirmado que el movimiento de los indignados fue espontáneo, que no era previsible y que cuando estalló, lo hizo desplegando toda su fuerza. Personalmente, no estoy de acuerdo con estas afirmaciones, y considero que el movimiento fue fruto de mucho trabajo que se había estado llevando a cabo previamente tanto dentro como fuera de la Red, junto con unas condiciones sociales, políticas y económicas límite, que había que sumar al descrédito creciente de la clase política por otro gran conjunto de factores que estaban confluyendo en ese momento. Es imposible determinar un elemento desencadenante de la indignación, fruto de la suma de múltiples circunstancias. Sin embargo, algunos sucesos marcaron un punto de no retorno, especialmente los que afectaron a la forma en la que nos situamos frente a nuestra cotidianidad: la confianza perdida en gobernantes, instituciones y medios tradicionales no tenía vuelta de hoja, y la rápida expansión de este sentimiento, junto con su consolidación, se alcanzó gracias a la introducción de las nuevas tecnologías a nuestro día a día. Primero la sociedad aprendió a informarse por otras vías al margen del discurso dominante y empezó a organizarse de forma independiente a cualquier instancia gubernamental, para acabar generando nuevas narraciones sobre la realidad que irían progresivamente modificando la imagen del mundo. El descrédito hacia el poder acabó de instalarse en la mente de los ciudadanos españoles mientras siguieron adelante múltiples plataformas autogestionadas para posibilitar el cambio de cada vez más esperado, hasta que finalmente, y debido a un conjunto de factores que lo propiciaron, la sociedad salió a la calle de forma masiva, indignada, para decir basta, pero de una forma para nosotros novedosa: de forma pacífica y haciendo uso de la desobediencia civil, inspirándonos en las inmediatamente anteriores revoluciones de otros países como Islandia, Túnez o Egipto.

Qué tienen en común estas revoluciones es algo que está generando grandes cantidades de tinta, y un elemento coincide en todas las exposiciones: las nuevas tecnologías. Sin mencionar estas herramientas no podríamos en ningún caso comprender el nacimiento y el desarrollo de las protestas que han tenido lugar en países tan diferentes en un corto período de tiempo. La proliferación de blogs en los que numerosas personas han podido exponer su opinión sorteando la censura, o debates abiertos a través de foros y redes sociales, entre otros muchos elementos, han ido preparando un terreno en que la temática política se ha hecho cada vez más presente entre los ciudadanos y su participación en la misma ha ido aumentando progresivamente. Cuando hablo a los nuevos usos que ha ido generando el manejo de las nuevas tecnologías me estoy refiriendo precisamente a este tipo de resultados. En adelante quiero detenerme en algunos de los sucesos que empujaron el desenlace que por una parte finaliza, y por otra empieza, en el 15 de mayo de 2011, pero primero quiero que se comprenda que si no se hubiesen tejido numerosas redes a través de herramientas como Internet, y no se hubiesen trasladado a la cotidianidad de las personas modificando su forma de interactuar con el mundo que les rodea, ninguno de estos movimientos hubiesen llegado a transcender del modo en que lo han hecho. Y estos nuevos usos abarcan tanto las nuevas narraciones que traen consigo un nuevo y diferente flujo de información, permitiendo un interés creciente en determinados temas, como una posibilidad cada vez mayor de participación en distintos aspectos de la realidad, junto con nuevas formas de entender el mundo fruto de una nueva cultura que se ha desarrollado precisamente en el desarrollo de estas nuevas tecnologías y especialmente de Internet.

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