Las nuevas tecnologías en el desarrollo del 11-M

Siguiendo con el rol que desempeñan las nuevas tecnologias en el modo en el que entendemos y configuramos el mundo, es necesario echar la vista atrás hasta el 2004, probablemente la primera vez que la población española recurrió a estos recursos para organizarse. Sin duda el desarrollo de Internet permitió acceder a una información que había sido vetada en relación al atentado del 11-M, donde los medios tradicionales españoles vendieron una versión de los hechos que no se reflejaba en la prensa internacional ni en muchos medios independientes que multiplicaron sus visitas durante el período que va del atentado a las elecciones generales tres días más tarde. Mientras que nuestros principales medios responsabilizaban a ETA de las casi doscientas muertes en los trenes de Atocha, medios internacionales publicaban un comunicado de Al-Qaeda en el que se atribuían la matanza. Se podría decir que fue entonces cuando los ciudadanos españoles hicieron por primera vez un uso consciente de las nuevas tecnologías que tenían a su disposición para informarse de lo que estaba sucediendo al margen de lo que se estaba vendiendo por parte del gobierno a través de los medios tradicionales: a través de Internet iniciaron una investigación por cuenta propia, y mediante el uso del SMS difundieron sus conclusiones y organizaron la contramanifestación del 13-M para exigir la verdad. El gobierno de Aznar instó a los españoles a salir a la calle el día 12 de marzo de 2004 unidos bajo un mismo lema: la lucha contra el terrorismo de ETA. Sin embargo, muchas personas ya se habían movilizado para informarse por otros medios ajenos a los gubernamentales, y entendieron esta manifestación como una forma de hacer campaña electoral y explotar una desgracia como la de los atentados de Atocha para el propio beneficio del Partido Popular. Las personas que tomaron las calles el 12 de marzo ya lo hicieron con lemas en contra del gobierno y a favor de dar a conocer la verdad, pero es que además se convocó otra para el día siguiente, completamente al margen de cualquier institución, ante las sedes del PP.

El hecho de que los canales oficiales censuren determinado tipo de información, aunque solamente sea por el hecho de la selección del contenido que van a emitir, es algo que hoy en día sabe todo el mundo. Pero lo que ahora es tan evidente, no lo ha sido siempre. Generalmente hay confianza por parte de los ciudadanos hacia sus gobernantes y los principales canales de comunicación, o al menos la había habido hasta este momento. Se conoce el monopolio informativo, pero se confía en la buena fe del gobierno y de los periodistas. Además, cuando el monopolio de la información reside en un grupo muy reducido de personas o medios, esta confianza es muy fácil de mantener: difícilmente puede alguien aportar pruebas para desmentirla a menos que se trate de un caso muy descarado, por no hablar de los problemas que tendrá para encontrar un canal lo suficientemente efectivo como para transmitir el mensaje. En estos casos, los distintos medios de transmisión de la información son utilizados para la «propaganda», buscando influir en la opinión pública, de forma que ganen su aprobación para aquello que les interesa vender. Pero cuando este poder empieza a verse dispersado entre distintas fuentes, mantener el control de la opinión pública se vuelve una tarea harto complicada, especialmente si vendes una información manipulada porque la gente puede contrastar lo que le están diciendo y nunca volverá a confiar en alguien que haya tratado de engañarla. Con el desarrollo de Internet este control de la información se ha vuelto mucho más complejo: la gente no solamente tiene la oportunidad de acudir a otras fuentes oficiales, como medios extranjeros u opiniones personales de determinados individuos relacionados con el gobierno mediante las redes sociales, sino que además tiene acceso a numerosos medios alternativos que abarcan desde medios de comunicación de una temática más especializada y una línea ideológica divergente, hasta los propios testimonios de los testigos o afectados, o simplemente la opinión de cualquiera que desee manifestarla.

El 13 de marzo de 2004 los españoles salieron a la calle para demandar la verdad ante un discurso que generaba más interrogantes que respuestas. Desde el mismo momento en que tuvo lugar el atentado del 11-M, empezaron a utilizarse los teléfonos móviles de forma masiva: primero, para averiguar que nuestros allegados se encontraban fuera de peligro, y luego, para buscar respuestas que ni el gobierno, ni los principales medios de comunicación, ofrecían ante una catástrofe de esta magnitud. Sin que hubiese una voluntad de hacerlo, se generaron unas redes orgánicas para informar, asimilar y organizar todos los temas que se generaban alrededor del atentado y su autoría, de forma que cada persona pudo buscar y contrastar la información por sí misma.

En el ámbito digital, ni siquiera el medio más antagonista con el Gobierno, la Cadena SER, experimentó subidas de visitas comparables a los foros de debate y las webs de contra-información. Los públicos más implicados políticamente no se saturaron con el flujo de informaciones contradictorias que circulaban en la esfera pública central. Al contrario: acudieron, cada vez en mayor número, a las esferas periféricas de Internet que les permitían contrastar y debatir los mensajes que recibían, escapando al control gubernamental que pesaba sobre las empresas de comunicación. Los foros temáticos sobre las elecciones y los weblogs más críticos y ligados a profesionales de la comunicación sirvieron como plataformas, aunque minoritarias, de esa clase deliberación colectiva1.

En este párrafo de Víctor Sampedro vemos como incluso los medios de comunicación más críticos fueron objetivo de la desconfianza ciudadana. Lo extraordinario de la situación hizo que muchas personas buscasen la información por sí mismas, analizándola y contrastándola. Ante la contradicción cada vez más manifiesta, y la falta de respuestas, se generó una gran desconfianza hacia las fuentes gubernamentales y los principales medios de comunicación. Fue la propia ciudadanía la que se encargó de buscar, contrastar y difundir la información que iba reuniendo, creando una red orgánica, horizontal, y alternativa a los espacios de deliberación oficiales, gracias a las nuevas posibilidades ofrecidas por las nuevas tecnologías. El sábado 13 de marzo de 2004, en plena jornada de reflexión y sólo dos días después del atentado, la sociedad española salió a la calle por su propio pie, sin ningún dirigente ni portavoz a la cabeza, exigiendo transparencia. Naturalmente, no es la primera vez que la gente se organiza con un fin similar, pero la forma en la que ocurrieron las cosas en este caso en particular no hubiese sido posible sin el desarrollo de los nuevos medios. En primer lugar, porque sin ellos acceder a otras fuentes para contrastar la información es una tarea mucho más complicada, y en segundo lugar, porque en el corto período de tiempo de tres días no hubiese sido posible que se movilizase toda la gente a nivel nacional.

Esta convocatoria muestra los usos políticos que estas redes hacen de las nuevas tecnologías, sus estrategias de acción colectiva, sus marcos discursivos y su práctica desobediente. […] El impacto del 13-M podría repetirse en situaciones de aparente colapso, y sobre todo, si la política de multitudes cruza la raya de la desobediencia civil. […] La innovación democrática reclama una ampliación de los espacios de deliberación, con la incorporación al diálogo de los excluidos –sean sectores sociales, nacionales, identidades culturales o políticas2.

El ideario que se traslada del espacio Red a nuestro día a día se basa en la necesidad de un espacio público de deliberación en el que poder abordar las distintas cuestiones que nos atañen, en sus distintos niveles. En momentos en que como ciudadanía perdemos los canales que permiten el diálogo, o se nos niega la información de forma parcial o total, se ve un crecimiento de su demanda en Internet donde proliferan estos espacios. Y estos canales que se abrieron a raíz del 13-M, que posteriormente volvieron a hacerlo con el 15-M, y que parece que han ido creciendo hasta hoy, se basan en una red de confianza de lazos fuertes nacidos de la misma solidaridad que se genera en el activismo a pie de calle. Cuando los gobernantes actúan menospreciando la opinión pública, ocultando información cuando se le solicita y defendiendo reiteradamente una argumentación basada en la fe –sin aportar pruebas, ni contrastar la información–, oponiéndose a otros argumentos sólidos, la ciudadanía pasa necesariamente a desobedecer.

Los Estados, ya sean monárquicos, constitucionales, democráticos o comunistas, tienen que contar con el consentimiento de la opinión pública si quieren lograr sus proyectos y, de hecho, un gobierno no gobierna si no es en virtud de la aquiesencia pública. Las industrias, las empresas de servicios públicos, los movimientos educativos, en efecto, cualquier grupo que represente una idea o un producto sólo logra sus propósitos si cuenta con la aprobación de la opinión pública. Debemos buscar al socio no reconocido de cualquier proyecto de importancia en la opinión pública3.

Si alguien menosprecia la opinión pública se está sentenciando a muerte: nadie puede lograr convencer a una persona despreciándola. Y este es uno de los puntos fundamentales dentro de la de la propaganda, y también de la política. Cuando a la sociedad española se le ocultó la información relacionada con el atentado del 11-M, esta empezó a desconfiar de los principales canales de comunicación y acabó por desobedecer cualquier cadena oficial. Finalmente se organizó por su cuenta y riesgo de forma orgánica y generó nuevos espacios de deliberación basados en la confianza que otros habían perdido. Se ocupó de buscar la información, contrastarla y difundirla, y de organizar las protestas que consideró pertinentes sin esperar la autorización de ningún órgano gubernamental.

Cuando se afirma que el activismo necesita de un plan estratégico, no me opongo, pero cuando hace referencia a la necesidad de una jerarquía en la que sobresalga un líder para poder llevar a cabo las propuestas, tengo que remitirme a la realidad para mostrar que esto no es necesariamente de este modo. Aunque cada vez que la sociedad se ha organizado de forma paralela al gobierno éste ha hablado de “conspiración”, y ha atribuido el mérito o la culpa a fuerzas parlamentarias de la oposición, lo cierto es que no hay modo de establecer responsabilidades a título personal. Cuando las acampadas de los indignados inundaron las plazas españolas se habló de que las fuerzas políticas se encontraban detrás, y se hizo de forma tan gratuita que para unos, como Francisco Álvarez-Cascos, era la izquierda:

Todos estos movimientos no son casuales, ni son espontáneos ni en las fechas ni en los contenido. No tengo pruebas, tengo las evidencias de que siempre se eligen los momentos en los que el que quiere mantener el poder necesita utilizar el juego sucio y no tengo ninguna duda de que detrás de este montaje que se está produciendo y que está instrumentalizando a gentes, son sinceramente personas de izquierdas4.

Y para otros, como Beatriz Talegón, la derecha:

No soy muy amiga de las teorías conspiratorias, pero ya en aquel momento de ir a las manifestaciones y a las asambleas [el 15 de Mayo de 2011] empecé a ver cosas que me hacían preocuparme, y ahora ya se dice con más fuerza: hay quien plantea que detrás de todo esto [el Movimiento 15-M] puede incluso que esté la derecha5.

Desde el momento en que Internet conecta a los usuarios de medio mundo en tiempo real, desaparece el monopolio del poder tal y como lo hemos entendido hasta hoy: cada persona, por voluntad propia, se convierte en emisor y receptor de la información. Esto no quiere decir que no haya modo de controlar las comunicaciones, ni que el conocimiento sea libre; hay muchas formas de manipular la información y con ella la forma de pensar de las personas, y el conocimiento sigue sujeto a estas presiones. Pero sin embargo hoy, a diferencia de ayer, uno puede narrar en primera persona un suceso de forma pública, e incluso retransmitirlo en directo con la ayuda de soportes audiovisuales tan difundidos con el fenómeno de los smartphones y las tablets. Los discursos que se generan sobre la realidad han cambiado.

1SAMPEDRO BLANCO, Víctor F. 13-M. Multitudes on-line. Catarata, Madrid, 2005, p. 143.

2Íbid., pp. 114 – 115.

3BERNAYS, Edward. Propaganda. Editorial Melusina, Barcelona, 2010, pp. 50 – 51.

4«¿Quién está detrás de las manifestaciones del 15M? Los partidos miran a otro lado», elEconomista.es, 18 de mayo de 2011. http://ecodiario.eleconomista.es/politica/noticias/3078066/05/11/Cascos-dice-que-detras-de-las-protestas-esta-el-PSOE-experto-en-jugar-sucio.html.

5MEDINA, Miguel Ángel. «Beatriz Talegón plantea que “detrás del 15-M puede estar la derecha”», El País, 7 de mayo de 2013. http://politica.elpais.com/politica/2013/05/07/actualidad/1367910429_690581.html.

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