La cultura libre y el 15-M

Es muy común encontrarte con personas que vivieron el 15-M en primera persona que consideran que el movimiento guarda una estrecha vinculación con la cultura digital y los principios que acompañan a su desarrollo como el software libre y el concepto que lleva aparejado. Alberto Corsín y Adolfo Estalella han desarrollado una concepción en torno a la idea del «prototipo» siguiendo esta línea, donde hacen referencia al trabajo conjunto que se lleva a cabo sobre todo en Internet, pero también en otras esferas, a la hora de desarrollar un proyecto que es expuesto en formato beta abierto para que todo aquel que quiera participar en su mejora pueda hacerlo1. Para ellos esta idea de «prototipo» se habría trasladado a la Acampada Sol –y todas las acampadas que tuvieron lugar a nivel nacional en mayo de 2011–, pero incluso antes de toda aquella explosión ya se habría estado desarrollando en un plano reivindicativo y de organización social. En el Medialab Prado, Alberto Corsín y Adolfo Estalella realizaron una investigación sobre las transformaciones que la cultura digital introduce en nuestra sociedad, y lo hicieron siguiendo precisamente este modelo de prototipo con el que se trabaja en este espacio gratuito y abierto. En palabras de Estalella:

El prototipo no es ese cacharro frágil que en cualquier momento puede fallar sino todo aquello que se convoca a su alrededor y es parte de él. Quizá el softwarelibre es el prototipo por excelencia: una tecnología en permanente desarrollo, en la que se publican las nuevas versiones para ser mejoradas, que nunca parece estar clausurada sino que permanece abierta en un proceso de mejora. Y en esa apertura permanente sostiene en torno a sí a toda una comunidad. Se produce software mientras se crea una comunidad, se produce una comunidad que crea software2.

Es un código abierto para todo aquel que quiera colaborar en su desarrollo, y todos los que lo hacen generan una comunidad al compartir e intercambiar ideas, tal y como dice Estalella. Y esta colectividad de personas se retroalimenta de las distintas propuestas con las que operan, abarcando un conocimiento cada vez más amplio y que no tiene impuestos unos límites de antemano, donde lo que importa es el camino y no el fin, el repensar constante y en continuo movimiento con la propia historia. Esto lo hemos visto en el movimiento 15-M, pero es algo que lleva desarrollándose largo tiempo en el ciberespacio. Aunque Internet se ha presentado principalmente como una herramienta para la difusión de la información, sus posibilidades no solo se limitan a ello sino que van mucho más lejos: la Red es un espacio público de libre acceso en el que todo el mundo puede intervenir, y donde los límites – dentro de su reducto digital– los pone la propia imaginación. Naturalmente, esto genera un repensar de nuestro momento presente: la forma en que nos organizamos, la propiedad intelectual, la capacidad decisiva en los asuntos políticos, etc., han de ser reinventados. No solamente nos podemos informar a través de Internet, también podemos colaborar e incluso se puede utilizar como medio para tomar determinadas decisiones, tanto de modo voluntario como involuntario. En el momento en que todos estamos conectados a este mismo espacio en red, este pasa a configurarnos en cierto sentido modificando el modo en el que vemos el mundo, creando un imaginario de lo real. Nosotros podemos jugar tanto un rol pasivo como activo en este aspecto, podemos limitarnos a seguir la norma impuesta por la multitud o tomar conciencia de nuestra responsabilidad; podemos permanecer limitados como espectadores o actuar y ser parte de la creación de este nueva imagen que se está tejiendo constantemente. No hay que caer en el error de divinizar las nuevas tecnologías, como apunta Gladwell, pero tampoco hay que rehusar del hecho de que existen y modifican nuestro entorno; el mal uso que pueda hacerse de los nuevos medios no depende de ellos sino de quien los maneja, no es una parte constituyente de ellos. La demonización de nuevas herramientas como Internet solo beneficia a quienes pueden verse desbancados de su lugar privilegiado en la configuración de la imagen que tenemos del mundo.

En la obra de Mark Tribe y Reena Jana Arte y nuevas tecnologías, sitúan el año 1994 como un momento clave en el desarrollo del ciberespacio: con la presentación del nuevo navegador de Netscape, Internet dejaba de ser un lugar para los amantes del mundo de la informática para pasar a ser «un popular medio de comunicación, publicación y comercio»3, modificando los usos de la Red y generando «un importante cambio estructural en la sociedad: se iba a pasar de la producción industrial a la economía de la información, de las estructuras jerárquicas a las redes descentralizadoras y de los mercados locales a los globales»4. Y todos estos nuevos usos transforman a su vez el modo en que entendemos nuestro entorno e interactuamos con él. Solo desde esta perspectiva podemos entender muchos de los cambios que han tenido lugar en la reivindicación social de los últimos años, donde España ha llevado a cabo un rol significativo. Efectivamente, la economía está hoy fuertemente vinculada a la información, que tiene su precio en oro. Lo que se busca es vender un producto y para ello necesitan estudiar los diversos perfiles de los individuos con los que quieren hacer negocio, bien para determinar a qué sector de la población venderlo, o bien para modificarlo en función de los usos y gustos de los consumidores. Pero no hay que caer en el error de pensar que estos productos son únicamente materiales porque muchas veces lo que interesa no es cambiar el producto para adaptarlo a los usuarios sino modificar la imagen que estos tienen sobre un determinado aspecto de la realidad: resulta mucho más interesante vender guerras que zapatos, los beneficios que se obtienen son muchísimo más altos. Aquí es donde entraría en juego la denominada «guerra de la información» tantas veces comentada en los medios de comunicación, cuyas batallas se libran a diario a través del ciberespacio. Sin embargo, las reglas de juego también han cambiado y el orden jerárquico ha dejado paso a las redes descentralizadas, como señalaba citando a Mark Tribe y Reena Jana. Por eso es importante insistir en este pregunta: ¿a quién beneficia la demonización de las nuevas tecnologías? La repercusión de la Red no se ha debido precisamente a un uso limitado de la difusión de la información, sino a las nuevas posibilidades que ha ofrecido en relación con todo el movimiento de la cultura libre que lleva aparejado prácticamente desde su nacimiento, el cual puede situarse a finales de la década de los 50 alrededor de la IBM 407 del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

La «cultura libre» es la cultura del código abierto, aplicada en un primer momento al desarrollo de programas informáticos, pero ampliada hoy en día a esferas mucho más amplias. Ha estado siempre vinculada a la crítica del copyright, y por ende ha contribuido notablemente al desarrollo del copyleft, denunciando que el conocimiento no sea gratuito y de dominio público, y defendiendo su libre circulación. Es desde la que nacen conceptos como el de prototipo o software libre, y a partir de la que se ha desarrollado la idea del procomún que empapó la organización de las acampadas del movimiento de los indignados. Naturalmente, esta concepción, este modo de entender la realidad no fue espontáneo, no nació de la noche a la mañana como las carpas que inundaron la Puerta del Sol: cada uno de los movimientos previos a la acampada fueron determinando los modos de operar de los quincemayistas. Las acampadas, a pesar de su enorme organización y el fuerte impacto que tuvieron no solamente mediático, sino también social y político, y también económico, tampoco se planearon, pero no surgieron de la nada. A lo largo de los últimos años han ido teniendo lugar distintos movimientos vinculados a la cultura libre, en gran parte potenciada precisamente por el desarrollo de Internet. En el espacio Red han podido mostrarse un gran número de ideas a toda la comunidad de los internautas, que no es pequeña: con algo tan sencillo como un blog, una sola persona ha podido transmitir su mensaje a una multitud. Y con otro tipo de espacios, como los foros, por ejemplo, se han podido debatir diferentes temas de un interés más específico o general con personas de cualquier parte del globo, edad, sexo o condición social. Se han podido exponer unas propuestas, y se han podido organizar para llevarlas a cabo. Todo este entorno en el que nos movemos, y que cada día ocupa un lugar más importante de nuestra cotidianidad, ha ido configurando nuestro modo de comprender el mundo y de situarnos e interaccionar con él y todos los que nos rodean. El momento en el que nace la Acampada Sol todas estas nuevas formas ya están, por un lado, muy asimiladas, y por otro, acaban de desarrollarse en su puesta en práctica.

El modo organizativo de las acampadas imitó al de los prototipos, del mismo modo que lo hicieron el llamamiento a la manifestación del 15 de mayo de 2011 y otros movimientos previos a esta explosión. Aunque determinar las causas de una convocatoria cuya cita ha sido determinada a través de Internet es complicado porque pueden influir múltiples factores, algunos tienen una influencia clara e indiscutible. La manifestación del 15-M fue convocada por la plataforma «Democracia Real Ya!», pero su éxito y posterior movimiento de los indignados no se debe únicamente a dicha plataforma sino a un conjunto de hechos previos que fueron modificando los modos en que los ciudadanos asimilaban la realidad que estaban viviendo.

1CORSÍN, Alberto. «Culturas del prototipado», Prototyping, 3 de diciembre de 2012. http://www.prototyping.es/destacado/culturas-del-protipado.

2ESTALELLA, Adolfo. «Prototipos urbanos: un espacio para la experimentación ciudadana», eldiario.es, 17 de septiembre de 2012. http://www.eldiario.es/cuadernomedialab/Prototipos-urbanos-espacio-experimentacion-ciudadana_6_48705159.html.

3TRIBE, Mark, JANA Reena. Arte y nuevas tecnologías. Taschen GmbH, 2009.

4Ibíd.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Trackback: The uneven convergence of digital freedom activism and popular protest | media/anthropology

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