Contexto del 15-M

El 15-M es uno de los fenómenos más paradigmáticos acontecidos en nuestra sociedad durante los últimos años, y trae consigo numerosas cuestiones que deben ser abordadas. Es un movimiento que surge en un contexto relativamente nuevo, el de «sociedad de la información», que hace referencia a un nuevo paradigma social en el que las interacciones están fuertemente mediadas por las nuevas tecnologías. A la hora de abordar el tema del 15-M es necesario tener en cuenta el conjunto de este nuevo contexto en el que nos encontramos, y la pertinente imagen del mundo que lleva aparejada. A pesar de que el movimiento de los indignados es todavía joven, los relatos surgidos a su alrededor son abundantes, aunque en muchos casos precarios: todavía se está definiendo y, por lo que parece, mantendrá este estado beta durante mucho tiempo. El género de relato ha cambiado de acuerdo con el nuevo contexto generado por el rápido desarrollo de las nuevas tecnologías y su fuerte asentamiento en el día a día de cualquier ciudadano, y es necesario examinarlo para poder comprender en profundidad las nuevas situaciones que están surgiendo. ¿Dónde podemos encontrar un buen relato del 15-M? El pasado 3 de diciembre de 2012 se estrenaba el documental 15-M: Excelente. Revulsivo. Importante. de Stéphane M. Grueso en el Museo Reina Sofía, pero por lo general es escasa la bibliografía tradicional en torno al tema, que se reduce a algunos apartados en libros dedicados a las nuevas tecnologías y la denominada era de la información. Es un movimiento que todavía se está desarrollando, y que empieza a derivar en un sinfín de acciones que difícilmente podrá nadie abarcar. Aunque abundan los artículos sobre el tema en el ciberespacio, toda la información se encuentra a pie de calle, donde realmente hay que dirigir la mirada si queremos comprenderlo. Una forma de hacerlo es seguir los relatos de quienes se encuentran ahí a través de Internet, como es el caso de la periodista Carmelo Ríos que ganó el premio Ortega y Gasset de periodismo 2012 por su cobertura del movimiento a través de Twitter, y la otra es salir a experimentarlo en primera persona. Los medios de comunicación tradicionales han quedado en cierta forma desfasados: la información se encuentra hoy en un movimiento constante que el relativo tiempo real de la Red puede abarcar pero no otros soportes, de forma que la gente se decanta por comunicarse mediante los nuevos medios y obliga a los tradicionales a adaptarse a esta nueva situación que tiene tantas ventajas como inconvenientes. Las nuevas tecnologías han tenido un rol determinante en la nueva forma en que nos relacionamos hoy entre nosotros y con el medio que nos rodea, y en los discursos que generamos sobre el mundo.

Para comprender el nacimiento del 15-M hay que situarse en los meses anteriores a la fecha señalada y tener en cuenta el contexto en el que se desarrolló, no solamente político y económico, sino también social. Las limitaciones del sistema español no son las únicas que entran en juego, sino las fallas del sistema capitalista en un sentido global, potenciadas con el acceso cada vez mayor de los ciudadanos al ciberespacio. Esta potencialidad de las diferencias la señala muy bien Dominique Wolton:

Con Internet, volvemos al tema de la “aldea global”. Después de dominar las distancias y de conquistar la naturaleza y la materia, los hombres recuperan un deseo de infinito cuya más perfecta ilustración sería la proliferación de palabras, imágenes y datos. Pero si una información recorre el mundo en un segundo, la realidad cambia en menos de cien kilómetros y, así, los individuos ya no pueden comprenderse. El rendimiento técnico no siempre está al servicio de los hombres, en especial porque acentúa la fragilidad de los sistemas sociales. Las crisis bursátiles, financieras y políticas que estallan en un extremo del planeta desestabilizan las economías de los antípodas, poniendo en jaque las solidaridades y debilitando las instituciones internacionales. La comunicación triunfante es capaz de reducir el mundo a una pequeña aldea, pero no lo hace más tranquilizador. Si los jefes de Estado no dejan de desplazarse es porque el encuentro personal sigue siendo el único medio de controlar un poco la inestabilidad de la historia, que la red hace más visible1.

No basta con entender la situación nacional que tenía lugar en el momento en que estalló el movimiento de los indignados, hay que tener en cuenta la información que estábamos recibiendo desde distintas partes del mundo y la forma en la que la estábamos asimilando. Otras revoluciones lejanas, como la de Túnez o la de Egipto, o sucesos no localizados como las filtraciones de WikiLeaks, sirvieron de aliciente para la constitución del movimiento español. Si las contradicciones de un sistema se hacen patentes en momentos de dificultad, estas se ven multiplicadas al asimilarse de forma global: no solo se tiene en cuenta la tasa de paro de nuestro país junto con el encarecimiento de muchos de los productos de primera necesidad, o la dificultad para acceder a una vivienda, se tiene presente también la limitación de los recursos y la distribución desigual de los mismos alrededor del globo, el enriquecimiento de muchos gobiernos occidentales mediante la venta de armamento a regiones cuyas guerras –que ellos han subvencionado– critican ante los medios, o la inestabilidad económica de otros países en situaciones similares a la nuestra como Grecia y la respuesta de la Unión Europea. Cada situación nace en un contexto determinado, pero estas diferencias desaparecen aparentemente cuando todos estamos conectados, y la forma en la que asimilamos la realidad se modifica. El 15-M, tal y como lo conocemos, no habría podido existir sin el desarrollo de las nuevas tecnologías.

En un contexto diferente en el que los nuevos medios no hubiesen penetrado en el día a día de los ciudadanos, un malestar político, económico y social hubiese podido derivar, como ha ocurrido en numerosas ocasiones a lo largo de la historia, en una protesta y la consecuente elaboración de modelos alternativos de organización, pero en ningún caso hubiese tenido lugar la famosa Acampada Sol y todas las que le siguieron, que ocuparon las principales plazas de numerosas ciudades del país en mayo de 2011. No hubiese sido posible establecer espacios en Red que documentasen minuto a minuto el transcurso de la vida en las plazas, no hubiese podido existir un contacto directo entre acampadas, ni hubiésemos podido ver en directo muchos de los desalojos que se difundieron vía streaming. Y difícilmente habría tenido lugar una organización basada en el desarrollo del «procomún», idea de que los bienes pertenecen a todos y, en ese sentido, han de ser generados y gestionados por el bien común2. Es importante distanciarse de la postura evangelista con respecto a los nuevos medios, pero no pueden obviarse a la hora de estudiar los fenómenos que tienen lugar en el seno de su desarrollo. La realidad de cada momento histórico corresponde a todo el conjunto de planos que la configuran, y la de este está fuertemente influenciada por el desarrollo de las nuevas tecnologías y la nueva configuración del mundo que han generado.

En el artículo Small Change publicado en el New Yorker, Malcolm Gladwell critica la relevancia que se les está dando a las redes sociales en las protestas que tienen lugar hoy en día. Considera que Twitter no tuvo un papel tan relevante en las revueltas que sufrió Moldavia la primavera de 2009 contra su gobierno comunista, ni en las protestas que sacudieron Teherán pocos meses después, como le otorgaron los medios de comunicación3. No sin razón, atribuye el activismo a unas convicciones compartidas por los manifestantes y niega que se deba al uso de los nuevos medios. Para Gladwell, las condiciones que dieron lugar a la gran manifestación moldava residen en el procedimiento del propio gobierno y no en los tuits que se publicaron en relación al tema, bajo el hashtag #pman4. Parte del problema, sin embargo, es querer ver estas dos vías como incompatibles cuando no tienen por qué serlo. Es cierto que los tuits estaban fundamentados en unos hechos previos, y que sin ellos la relevancia de la red social Twitter hubiese sido nula, pero seguramente sin este nuevo vehículo de comunicación tampoco hubiese tenido lugar aquella protesta.

Gladwell cita algunos casos de reivindicaciones que han tenido lugar a lo largo de la historia en los que las redes sociales todavía no existían, y que evolucionaron con éxito, para criticar el papel que pueden llegar a desempeñar. Para él, cierto tipo de activismo –el que cataloga como “de alto riesgo”– necesita de un vínculo muy fuerte para llevarse a cabo con éxito, un nexo que debe estar fundamentado en la confianza donde deben tenerse en cuenta los peligros que se pueden llegar a correr y la estrategia que hay que seguir, y estos lazos no pueden generarse dentro de la Red. Admite que las nuevas tecnologías están reinventando el activismo en la medida en que establecen unas vías de comunicación para aquellos que antes no tenían voz, permitiéndoles de este modo colaborar y coordinar acciones para tomar parte en aquello que les concierne, pero que también bajan el nivel de motivación al generar unos lazos débiles: disponemos de mayor facilidad para expresarnos, pero aquello que expresamos tiene menos impacto. Critica que los nuevos evangelistas de lo digital no son capaces de discernir entre los amigos de Facebook y los reales, motivo por el que se generan esos lazos débiles en la Red. A través de Internet nos ponemos en contacto con otras personas con las que compartimos distintas ideas y aficiones, como puede ocurrir en la realidad física, pero no nuestro día a día. Algunas veces acabamos por conocer en persona a otros internautas con los que hemos tenido contacto, y pasan así a formar parte de nuestra vida, como puede suceder con un desconocido con quien compartimos clases de pintura. Pero hasta entonces, son compañero como lo son los del trabajo, y no son nuestros acompañantes a la hora de asistir a una protesta. En el marco del activismo social, hay que saber entender las nuevas tecnologías como un medio para la transmisión de la información y el intercambio de ideas. Al final, las personas que asisten a las protestas previamente propuestas y difundidas por Internet u otras vías de comunicación, lo siguen haciendo con sus personas más allegadas. Puede ocurrir que la gente se sienta más animada en el amparo de la multitud que generan estos nuevos medios, que algunos individuos que en otras circunstancias no hubiesen salido a la calle acaben por hacerlo ante los numerosos mensajes de apoyo, pero al final las redes han servido para difundir un determinado tipo de información como otrora lo hiciera el boca a boca. La gente recibe el mensaje y decide asistir o no asistir como ha ocurrido siempre, y llamar a sus amigos, familiares y/o compañeros de trabajo. Los nuevos medios nos brindan nuevas vías de comunicación con las que estamos aprendiendo a desenvolvernos. Y en la medida en que modifican el modo en el que interactuamos entre nosotros y con el medio que nos rodea, tenemos que tener en cuenta también que generan un nuevo modo de comprender el mundo.

En mi opinión, el problema reside en entender las redes sociales como un lugar en el que entablar amistades o vínculos de cualquier tipo que vayan más allá de un uso puramente instrumental, sobre todo en relación a un activismo político. Twitter es una red microblogging en la que puedes escribir mensajes de hasta 140 caracteres entre los que pueden enlazarse archivos y que reciben tus seguidores en su TL5. Estos mensajes suelen ser, a menos que el usuario decida hacer su cuenta privada, públicos, y cualquier persona que quiera puede acceder a ellos, leerlos, guardarlos y compartirlos. Además, mediante el uso de los hashtags, uno puede optimizar la búsqueda de sus tuits: al poner el símbolo almohadilla (#) delante de una palabra clave, esta pasa a ser registrada por el buscador y el control estadístico de Twitter, donde uno puede encontrar todos los mensajes en los que esté contenida. De este modo resulta muy fácil comentar un suceso con cualquier persona alrededor del mundo entero, y también que la información se difunda con mayor rapidez. Los hashtags más utilizados aparecen según la zona geográfica o los intereses del usuario en su página principal, y tienden a generar numerosos comentarios en torno al tema e incluso en algunas ocasiones –más de las que deberían– llegan a establecer parte del contenido de los noticiarios de los medios de comunicación.

Son diversas las protestas que se conocen por el nombre de «Revolución Twitter»: desde las sucedidas en contra del gobierno en Moldavia e Irán en 2009, hasta las que sacudieron Túnez cuando Ben Alí se quemó vivo y las que se sucedieron en Egipto a partir del Día de la Ira en enero de 2011. Este tipo de manifestaciones aportan una nueva dimensión a la reivindicación social y es necesario estudiarlas dentro el contexto surgido a raíz de la implantación los nuevos medios de comunicación en nuestra vida cotidiana: ni la información, ni la forma en que se difunde y el modo en que la recibimos son iguales hoy que hace unos años. Los temas sobre los que nos interesamos hoy son de lo más dispares, y la rapidez con que pueden difundirse hace que en muchos casos sean también muy superficiales. Por otro lado, mucha más gente tiene acceso a la información y cualquiera puede dar su versión de los hechos a través de la Red ajustándose, eso sí, a la realidad según le convenga. Todo depende de los usos que nosotros de una forma más o menos responsable le demos a los nuevos medios de los que disponemos. Los escuetos mensajes de Twitter o los diversos grupos de Facebook no tienen por qué ser un problema: en uno y otro lado constatamos que resulta mucho fácil y cómodo retuitear un mensaje o darle a «me gusta», que participar activamente en él, pero eso no significa ni que todo el mundo se limita a esta holgura, ni que ese sea el único fin válido del mensaje difundido por la Red. A través de estos medios pueden generarse debates que aunque no trasciendan a un cambio material en un primer momento, generan determinados modos de comprender la realidad y relacionarse con ella.

1WOLTON, Dominique. «En búsqueda de una comunicación humana», Le Monde diplomatique, julio de 1999. http://www.insumisos.com/diplo/NODE/2048.HTM.

2LAFUENTE, Antonio. «Qué es el Procomún», Medialab Prado, 30 de agosto de 2007. http://medialab-prado.es/article/video_que_es_el_procomun.

3GLADWELL, Malcolm: «Small Change», The New Yorker, 4 de octubre de 2010. http://www.newyorker.com/reporting/2010/10/04/101004fa_fact_gladwell

4Piata Marii Adunari Nationale: plaza principal de Chisinau y centro de las protestas.

5Time line.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: