Aprendiendo del espacio

Pocas veces nos paramos a pensar en los espacios que nos rodean. En el ámbito artístico el espacio es un tema que vamos retomando poco a poco, y últimamente este tema está en boca de todos. El espacio olvidado, vuelve con más fuerza que nunca. De pronto, podemos encontrar nuevas exposiciones que tocan el tema, y los artistas que trabajan bien el espacio cada vez son más requeridos.

La revisitación del espacio provoca una oleada de nuevos temas que resultan muy atractivos.  De ahí el rescate del libro eventualmente olvidado “Aprendiendo de Las Vegas” de Robert Venturi. La postmodernidad llevó a cabo tal revisitación, que nos guió en un trepidante viaje de conectar las apagadas teorías estéticas con el mundo real. La performatividad, el fin de los grandes relatos, la diferencia  y el simulacro aludían a experiencias mucho más cotidianas que las que la modernidad nos intentó imponer. Y de este modo, comenzaron a aparecer las palabras tabú en libros de estética. Porque la estética tiene unas posibilidades que no permiten otras disciplinas filosóficas. Dentro de la estética tenemos no ya el derecho, sino el deber de retratar el mundo en que vivimos, y saber que todas las corrientes y los nuevos usos que podamos apreciar son susceptibles de un análisis que no por ser novedoso, deja de requerir rigor y del mismo modo, mencionar “youtube” dentro de un ámbito académico no nos convierte en poco rigurosos si la mayoría de la cultura contemporánea pasa por este tipo de canales.

Por ello traigo a colación “Aprendiendo de las Vegas”. Si la postmodernidad pone este tipo de temas en primera fila, la obra de Venturi es pionera en este sentido. Porque hacer un análisis de un espacio deleznado por su uso publicitario es un carácter muy postmoderno, si, pero también necesario, como lo es sacar en la foto no solo lo bello y enaltecedor, sino todas las demás características que hacen ser una sociedad como es.

De este modo, el espacio de Las Vegas  es un ámbito olvidado, más allá del turismo. Su arquitectura de pastiche y apropiacionismo es fantástica, un deleite para los sentidos. Del mismo modo que en Disneylandia, en Las Vegas se crea una ilusión. Los edificios son tan irreales y esperpénticos que hay que tocarlos para asegurarse que no están hechos de cartón piedra, porque realmente parecen un decorado de Hollywood. La ciudad está diseñada para el automóvil, y los anuncios luminosos te llaman desde la autopista. Excepto en el Strip y Freemont Street,  donde los edificios se emplean como un reclamo más, en el resto de Las Vegas se invierte más en el anuncio que se pondrá en la carretera que en el propio edificio. Un supermercado suburbano, por ejemplo, te puede recibir con un gigantesco aparcamiento en la delantera, y al fondo puedes distinguir un edificio de una única planta, donde apenas se puede distinguir su propio nombre.

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Sin embargo, en el Strip todo es magia y diversión. Desde el Caesar Palace, con su Victoria de Samotracia, sus numerosos centuriones apostados, sus Venus y sus ninfas portando suculentos manjares y jarras, sugiriendo que los placeres de Baco te esperan dentro, te aturden con tanto reclamo. Estamos acostumbrados a una concentración de elementos simbólicos por metro cuadrado mucho menor, y el que sea un decorado no te tranquiliza. El arquitrabe romano combinado con el anuncio de Celine Dion, puede ser demasiado para nuestras mentes europeas, acostumbradas a viajar miles de km para visitar un único lugar de carga simbólica.

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Y la curiosidad de Las Vegas, es que bajo esa carga simbólica no hay nada. Es, como su arquitectura, pura ornamentación, pura fachada. Como dice Venturi, la ciudad muestra su cochambroso trasero al desierto de Mojave, enseñando los equipamientos mecánicos y las áreas de servicio, sin pudor de demostrar que esta organización es puramente aparente, sin miedo a decir que todo lo que pretenden es un reclamo y una fastuosidad presente. El  caso de Las Vegas es digno de estudio, porque la falta de un significado se convirtió en un significado en sí mismo.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Trackback: El papel del simulacro en la “guerra de la información” « Bestias de ciudad

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