Por un arte unitario aplicable

A lo largo de la década de los 60 tuvieron lugar unas revoluciones culturales que destacaron por su cohesión con el mundo social urbano. Del rechazo de la vida programada por la modernidad y el afán por reinventar las relaciones sociales en la ciudad surgieron una serie de formas artísticas sorprendentes que abarcan desde la pintura industrial hasta la investigación espacial y conceptual de la ciudad a través de la dérive, técnica de tránsito por distintos ambientes del estudio psicogeográfico propuesto por Guy Debord.

Las propuestas de entonces son todavía a día de hoy válidas y están cargadas de sentido dado que vivimos en unas ciudades cuya única finalidad de sus calles es servirnos de canal para llegar a nuestro destino. Las plazas, espacios de encuentro, no tienen otra función que la de servirnos de cita para proseguir a continuación el camino que lleva a nuestra meta, marginando los espacios de juego y creación a parques que comienzan a estar separados del resto de la ciudad con vallas.

Por todo ello quiero compartir el siguiente extracto del “Manifesto della pintura industriale – per un’arte unitaria applicable” de Pinot Gallizio (1959). Gallizio experimentó con la pintura industrial decorando metros y metros de tela, rompiendo con el marco de la obra que la separa de la vida imponiéndole unos límites. Deja también de estar al servicio de una minoría para servir a la colectividad de individuos que conviven en una ciudad. Con estas pinturas que fácilmente podían cortarse podían hacerse alfombras, vestidos, manteles, servir de decoración para bares, distintos ambientes y edificios, y un largo etcétera que alcanza hasta donde alcance nuestra imaginación. Pintura que tendría un desarrollo conjunto con la vida en la ciudad. Dice así:

Señores todavía poderosos de la tierra, tarde o temprano nos daréis las máquinas para que podamos jugar, o nos las construiremos nosotros para poder ocupar aquel tiempo libre que vosotros, con una insana codicia, queréis hacernos ocupar a base de banalidades para vaciarnos de manera progresiva el cerebro. Nosotros utilizaremos estas máquinas para pintar las autopistas, para fabricar los más fantásticos tejidos, tejidos que las masas alegres vestirán con sentido artístico durante un solo minuto. Quilómetros de papeles estampados, grabados y coloreados enaltecerán a las más extrañas y entusiastas masas. Casas de cuero pintado, trabajado, lacado, casas de metal y de aleaciones, de resinas y de cimientos vibrantes, construirán un desigual y continuo momento de shock en la tierra. Fijaremos según nos parezca las imágenes con cámaras cinematográficas y de televisión que el genio colectivo del pueblo ha creado y que vosotros – muy mal, por cierto – habéis usado hasta ahora para ir a parar al reino absoluto del aburrimiento. Todo el mundo vivirá la alegría del color y de la música; los aires arquitectónicos de los gases coloreados, de las paredes calientes, de los infrarrojos que nos traerán la eterna primavera… signos poéticos de colores crearán momentos emotivos y nos darán la infinita alegría del momento mágico-creativo colectivo, plataforma de nuevos mitos y de nuevas pasiones… Estamos muy cerca del estado salvaje con instrumentos modernos: la tierra prometida, el paraíso y el edén sólo pueden ser el aire que respiramos, comer, tocar y penetrar”.

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